María IGLESIAS
Pasito a paso, la historia ilustra, cada vez de forma más clara, los usos y costumbres del pasado. Hasta los gijoneses. El reciente hallazgo de una silla de madera, de entre los siglos IV y V después de Cristo, en la antigua Fábrica de Tabacos, en Cimadevilla, arroja más luz sobre los hábitos de la época tardorromana en la ciudad.
«Es un sillón de madera trabajado, que posiblemente pertenece al ámbito de la vida privada», explica la arqueóloga y directora científica de las excavaciones, Carmen Fernández Ochoa. Por ahora, los restos localizados se encuentran en el laboratorio, a la espera de que se sometan a un tratamiento y «poder afinar la cronología», advierte la arqueóloga. El mueble fue arrojado al antiguo depósito de aguas de la ciudad, allá por el siglo V, por un ciudadano al que se le había roto la silla. «Siempre se encuentran cerámicas o elementos más parecidos a los que tradicionalmente se han usado», dice Fernández Ochoa, quien califica este descubrimiento como «único».
«No tenemos otro ejemplo de silla de madera, nunca lo encontramos en las excavaciones normales. Sólo se ha dado una circunstancia como ésta en Irún, es decir, en el Cantábrico», puntualiza la arqueóloga. Esas circunstancias a las que se refiere Fernández Ochoa son «la humedad y el no estar en contacto con el aire», y el depósito de aguas reunía dichas características. Por esta razón es más común la aparición de restos de barcos sumergidos, apunta.
Según la directora científica de las excavaciones, «habitualmente se conservan los restos inorgánicos, como suelas de zapatos o útiles de cerámica, pero la conservación de restos orgánicos es más complicado, por eso el hallazgo de microfauna, como una mariposa colorida, también es excepcional».
El caso de Irún se hace similar al gijonés en cuanto a la conservación de los elementos. Además, «los dos son lugares de puerto», cuenta la arqueóloga, que considera que el encuentro de esta silla tardorromana marca un punto y aparte en el conocimiento del pasado. «Los calderos de madera o la silla eran cosas que sabíamos que existían, pero que no poseíamos», dice.
Esta parte del mobiliario del siglo V quizá no llegue a cambiar la historia, pero «sí ilustra de una manera más clara los usos cotidianos del pasado». «Sabemos que se sentaban, pero ahora ya tenemos un dato fehaciente», subraya la arqueóloga, para quien el hallazgo también da pistas que certifican «la tradición por la madera en Asturias, que continúa». ¿Se esperaba un descubrimiento así? «En arqueología nunca sabes lo que te vas a encontrar», concluye Fernández.