FRANCISCO GARCÍA
El rugido ovetense del bólido de Alonso no ahogó otras gratas noticias deportivas del fin de semana que afectan -aunque sea tangencialmente- a Gijón. David Villa, ya sin duda uno de los diamantes más valiosos pulido en las canteras de Mareo, ha vuelto. Tras un verano de idas y venidas y dimes y diretes que amenazaron con socavar su solvencia, el ex sportinguista responde, en un partido de la «roja» que las crónicas tildan de memorable, con otros dos peldaños, de golpe, en su escalada hacia el título de máximo goleador de la historia de la selección española. Dentro de once goles, Villa diamantino -en el sentido etimológico de inalterable- será leyenda. Y Canella, otra joya en ciernes de la cantera rojiblanca, se consolida como baluarte en la selección sub-21. A la chita callando, pero a la carrera, sin necesidad de ruido de motores.