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Las lápidas de la Iglesiona incluyen el nombre de 340 hombres, pero ninguna mujer, salvo una niña, Honorina Montes Gutiérrez. Sin embargo, entre la documentación recogida en el Museo del Pueblo de Asturias se halla una larga lista de cinco folios en la que figuran unas 300 mujeres que estuvieron encarceladas en la hoy basílica de Gijón. Junto a cada nombre se anota la fecha de encarcelamiento y la de salida.
Eran sobe todo mujeres que pertencían a asociaciones católicas, más algunas falangistas. Cuando la Iglesiona es convertida en cárcel del gobierno frentepopulista, al comiezo de la Guerra Civil, en julio de 1936, estas mujeres van llegando a su lugar de reclusión y muchas de ellas son enviadas cada día a labores de limpieza en las checas o las sedes oficiales.
Pero ninguna de ellas -al menos en apariencia- es fusilada, como corrobora el hecho de que no figuren en las lápidas.
La Iglesiona y la colindante residencia de los Jesuitas -expulsados de España a comienzos de 1932- habían sido ya utilizadas como prisión durante la revolución de octubre de 1934. Era el centro de estancia previa a los procesos que se celebraban en el vecino edificio del Instituto Jovellanos.
Pero fue en 1936 y 1937 cuando la residencia de la Compañía de Jesús se convirtió en cárcel por la que pasaron cientos de personas. Las cartas recibidas por la Junta pro-lápidas aportan datos al respecto. Una familia de Lastres expone que seis personas allegadas estuvieron allí, por ejemplo, «nuestras dos hermanas Elvira y Concha V. L., que ingresaron presas el 4 de febrero de 1937 hasta el día 29 de agosto, en que fueron trasladadas al barco prisión Luis Caso de los Cobos». Esa misma familia habla de «nuestro primo sacerdote Manuel O. L, coadjutor entonces de Goviendes y hoy ecónomo de Libardón», o de la «sirvienta Dorinda R. V., y los operarios Antonio T. A. y Luciano M. M.». Al no haber fallecido ninguna de esas personas no son inscritos en las lápidas.
Ángel V. M. cuenta en su carta que «el 29 de mayo de 1937 me trasladaron a la iglesia del Sagrado Corazón, donde estuve detenido hasta el 16 de julio del mismo año, que me pasaron al Batallón Disciplinario D, a fortificar».
Desde Ondarroa, María Jesús B. narra que su marido, Gabino B. L., pescador, «fue cogido prisionero por el vapor Ciscar a la altura de Santander, siendo conducido por el mismo vapor a Gijón, donde le apresaron en la iglesia del Sagrado Corazón. A los dos días le sacaron al frente con tan mala suerte que cayó muerto. Deja mujer y tres hijos menores».
Esta misma mujer de Ondarroa añade que «al verlo en la Gaceta del Norte de Bilbao, de fecha 22 de marzo, me apresuro a entregar estos datos para los efectos que designen».
Las cartas recibidas en 1939 por la Junta Pro-lápidas de la Iglesiona proceden de 65 lugares de Asturias y de 29 ciudades o provincias de España.