R. GARCÍA
Elsa Alfonso pasea con su madre, Rosa Gutiérrez, por el parque situado justo enfrente del Hogar de Ceares. Mientras caminan y pasan la tarde añoran viejos tiempos en los que el edificio que ahora ven con nostalgia «servía para que los mayores se entretuvieran». Ambas son ejemplo del sentir que el barrio lleva años expresando. Los vecinos de Ceares piden que se dé «utilidad social» al inmueble. El Principado ganó un pleito con el actual inquilino, Alfonso Miguel, y pretende expulsarlo del local, pero el representante de la Asociación Hogar de Ceares se niega a abandonar las instalaciones.
Elsa Alfonso señala que los mayores del barrio «no tienen nada que hacer por aquí». En otras zonas de Gijón «los vecinos cuentan con instalaciones en las que pueden ir y a tomar un café pero aquí no se puede hacer nada». Ejemplos no le faltan a esta gijonesa: «En Roces visité a una amiga en un centro de mayores y me tomé un café con ella por 60 céntimos. Eso es lo que necesitamos en el barrio, lugares donde entretener a la gente que lo necesita y que no se puede desplazar».
María Isabel Guanzo, como casi todo el barrio, comparte esta opinión. Hace algunos años, el panorama era completamente diferente en la zona. El centro social estaba abierto y los mayores podían acceder a las instalaciones para pasar largas horas de la tarde jugando al bingo o a las cartas. «Nos alegraría mucho que los responsables municipales le dieran otra vez un uso social al inmueble», asegura el presidente de la asociación de vecinos de Ceares-Coto-Viesques, Óscar Piñera.
Rosa Gutiérrez tiene 99 años y está viuda. Su actividad diaria se reduce a los paseos con su hija y con alguna amiga pero no tiene lugar en donde gozar de cierto esparcimiento «si no bajo al centro». «El actual gerente de las instalaciones abre y cierra cuando le da la gana y no nos deja que accedamos al interior como se hacía antes con total libertad», señala su hija, Elsa Alfonso, que siempre le acompaña allá donde va.
El Hogar de Ceares está inscrito en el registro asturiano como asociación deportiva y cultural sin ánimo de lucro. Hace algún tiempo contaba con una bolera pero el techo se hundió y los que componían la peña de bolos del lugar fueron borrándose de la asociación. Los Bomberos acudieron al lugar y declararon el edificio en ruinas, lo que para su actual gerente constituye una «maniobra» para expulsarle del edificio.