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Estos son días especiales por eso lo primero es llevar a cabo un periodo de adaptación en el que los niños asisten a clase durante una hora y media cada día, tiempo que se irá aumentando poco a poco hasta llegar a la jornada completa. «Los primeros días son para que los niños ganen en confianza tanto en los espacios como en las personas de referencia, y para que adquieran hábitos», explica Rodríguez. En principio esta pequeña jornada parece una buena idea, pero hay quien cree que es un trastorno para padres e hijos. «Mi hijo se ha pillado un disgusto tremendo y cuando ya se le pase estará en casa otra vez. Además, tantos días de adaptación supone que muchos padres tengan que depender de abuelos, vecinos...», afirmó otra de las madres, María Jesús Rodríguez.
Pero esto es sólo el principio, porque cuando acabe el curso, estos escolares reconocerán su nombre, conocerán algunas letras y números y los colores. «Al final se trabaja como en cualquier otro aula, adaptando la enseñanza a las edades, pero todo basado en el juego», puntualizó la profesora.
La misma metodología se sigue en el colegio Ursulinas de Jesús. «Hay que tener en cuenta que se encuentran con un mundo nuevo, con un espacio físico extraño para ellos, por eso los primeros días lo fundamental es cariño, consuelos, abrazos, besos...», explica la jefa de estudios de infantil y primaria, Begoña García.
Por los pasillos de la zona de educación infantil de este colegio correteaban ayer niños con mandilones sobre los que colgaban cartulinas de colores. «Llevan cosido su nombre y además en la cartulina aparecen todos sus datos. Además, el color de la tarjeta se identifica con la clase a la que pertenecen, lo que facilita el trabajo y te permite conocer al alumnado», afirmó la jefa de estudios. Tras el madrugón de ayer, el fin de semana da un respiro a los escolares.