Cynthia GARCÍA
El inicio del curso escolar en Infantil y Primaria tuvo luces y sombras. En el colegio público Jovellanos, la Asociación de Madres y Padres de Alumnos tachó de «chapucera» e «inmoral» la decisión de la consejería de Educación de dejar fuera de las aulas a dos escolares de 5º de Primaria. La polémica surge a raíz de una carta que recibió ayer el director de este colegio, Mario Suárez del Fueyo, a través de la cual la consejería le comunicaba la decisión de unificar las dos aulas de 5º de Primaria. «Ante esto llamo y les explico que en total tenemos en ese curso 26 alumnos, cuando lo máximo por clase son 25, por lo que la decisión no es viable. Sin embargo, la consejería decide que los dos últimos niños matriculados para este curso sean traslados al colegio Cabrales», afirmó Suárez, que recordó que «mientras me comunicaban esta decisión, esos dos niños ya estaban asistiendo a clase, ya tenían sus libros y estaban con sus compañeros».
Pero el problema va más allá, porque es Educación quien se encarga de matricular a los alumnos que solicitan plaza en septiembre, tal y como explicó el director del centro y, por tanto, «estos niños van a pagar el error de la Administración», señaló. Los padres de estos dos escolares se pusieron en contacto con el AMPA, que ayer envió un fax a la administración regional. «Les explicamos que esa decisión no era posible, que el colegio ya estaba organizado y que, además, esto suponía una vulneración del derecho de los padres a elegir el colegio al que desean que asistan sus hijos», afirmó la presienta del AMPA, Paloma Pando, quien señaló que «están tratando a los niños como fichas de un puzzle».
Sin embargo, no todo fueron problemas en este primera jornada escolar. «Hoy empiezas en el cole de mayores, así que tienes que estar contento y no llorar», le decía Raquel Espinar a su hijo Ángel mientras esperaban el momento de entrar en el aula. Para este pequeño de tres años, ayer fue, además, su primer día en un colegio. No lloró, se emocionó más su madre. «Al final lo pasamos peor nosotras que los niños», afirmó Espinar, que después aclaró que «aunque no es obligatorio que con tres años vengan al colegio yo creo que es lo más acertado para que se vayan estimulando y cojan autonomía», explicó.
Como Ángel, el resto de niños iban llegando a las puertas de sus colegios, que ayer eran un trajín de padres, profesores y alumnos. Muchos llegaban contentos y con ganas de ver a sus compañeros. Otros, en cambio, lloraban al despedirse de sus madres. «El disgusto les dura los primeros minutos, luego se ponen a jugar y se les pasa», señaló María Dolores Rodríguez, tutora del aula de niños de tres años en el colegio público «Río Piles», que se estrena este curso en educación infantil -3, 4 y 5 años-. Para acoger a estos nuevos alumnos el colegio ha puesto todo a punto, desde acondicionar los baños a las necesidades físicas de los recién llegados, hasta incorporar profesoras de apoyo que acompañarán en el aula a la tutora.
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