R. GARCÍA
A quien madruga Dios le ayuda. El dicho se cumplió ayer con los cientos de aficionados del Sporting de Gijón que acudieron a presenciar el partido que enfrentaba a los rojiblancos con el Almería en un estadio de El Molinón actualmente en obras y que ofertaba 1.400 plazas menos de aparcamiento que habitualmente. Los ciudadanos respetaron las recomendaciones del Ayuntamiento y acudieron al recinto con tiempo y escalonadamente. Eso evitó los temidos problemas de tráfico en el entorno del campo.
El transporte público y la previsión -si se elegía el coche como medio de transporte- fueron las claves para no tener que pegarse por una de las 900 plazas disponibles para aparcar. La mayor parte de los gijoneses eligió la primera de las opciones y acudió al campo en los autobuses de los servicios, tanto regulares y extraordinarios, de Emtusa. De hecho la rotonda de Viesques no sufrió ningún atasco y hasta pocos minutos antes de que diera comienzo el partido no se llenaron las plazas de aparcamiento disponibles en los alrededores de El Molinón.
El transporte público fue el medio elegido para llegar hasta el campo, por ejemplo, por el matrimonio compuesto por Julio Muñiz y Nuria Rodríguez. «Hemos venido en un autobús que estaba casi vacío», explicaban. Estos aficionados llegaron al campo a las cuatro y media de la tarde. «Normalmente venimos un poco más tarde, pero hoy queríamos estar preparados», indicaban.
José Luis Vega y Daniel Monelle, por su parte, fueron andando a El Molinón. Las circunstancias les obligaron a cambiar el medio de transporte habitual para ir a ver el Sporting: su coche. «Recomendaron ir andando y además el buen tiempo acompañaba para dar un paseo hasta aquí, que no se hace largo», explicaban.
Baltasar Moreno fue en coche y llegó al campo a eso de las cuatro, «media hora antes de lo habitual». El aficionado, que entró en El Molinón acompañado por su hijo y su mujer, no tuvo problemas para aparcar. De hecho se mostró sorprendido de lo fácil que fue: «No sé por qué dicen que va a haber tantos problemas. Yo llegué y tuve sitio al lado del estadio mismo, donde siempre. Se nota que poca gente ha venido en coche».
José Antonio Peláez, el encargado de la cercana sidrería Argenta, fue uno de los beneficiarios de esta anticipación de los aficionados rojiblancos. Su local se llenó pronto: «Llevamos todo el día recibiendo a gente, cuando más afluencia hubo fue a la hora de comer ya que llegaron numerosos aficionados».
El Ayuntamiento intentó paliar los problemas de aparcamiento derivados de las obras del propio Molinón y la prolongación de la calle Torcuato Fernández-Miranda habilitando parte del espacio de Las Mestas para el aparcamiento entre las tres y las nueve y media de la noche. Allí podían estacionar unos 400 vehículos. Fuentes municipales confirmaban ayer a este periódico que a lo largo de la jornada no hubo «ningún problema destacable» en los accesos a El Molinón. Las recomendaciones surgieron efecto. Aunque antes de entrar al estadio algunos decían que «da igual en qué vengas, el casu ye que sirva pa algo y que el equipo gane». Ayer la suerte estaba con el Sporting hasta en eso.