FRANCISCO GARCÍA
Cuando oye uno hablar de la Zalia se imagina, qué se yo, a una bailarina arabesca contoneándose al aire de la danza de los siete velos; o se piensa en la clave secreta de un logia masónica. Es lo mismo que cuando desde el entorno portuario se pontifica acerca de conceptos como «cluster» o «hinterland», que al común de los mortales le suenan a chino mandarín. Lo cierto es que esa Zalia, moza casadera que responde al nombre de Zona de Actividades Logísticas e Industriales de Asturias, va a quedar, a este paso, para vestir santos respecto a otras plataformas de regiones próximas. El deterioro de la coyuntura económica y la tendencia a la baja de la producción industrial han provocado durante este año un notable descenso de las operaciones realizadas por los operadores logísticos. De manera que cualquier demora en época de recesión nos sitúa en un escenario de mayor desventaja frente a la competencia por atraer nuevos tráficos. Si queremos pintar algo en los flujos nacionales e internacionales de mercancías, hay que echar a correr. Por tierra y por mar; y si es posible, por aire.