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José Moyano anunció, además, que el puerto suspenderá desde el próximo octubre, mes en el que ya esperan los primeros temporales, hasta abril los polémicos dragados de los fondos marinos en la bahía, frente a la playa de San Lorenzo. Esos áridos son los que se utilizan para los rellenos del superpuerto. Son necesarios más de 30,9 millones de metros cúbicos de material para ganar 145 hectáreas de nueva superficie al mar.
La extracción de esos áridos no está exenta de polémica ni de denuncia judicial. El director de Obras e Infraestructuras de El Musel defendió ayer la legalidad de esas operaciones: «Hay un proyecto y una declaración de impacto ambiental, además de un plan de vigilancia ambiental; seguimos al pie de la letra todo lo que se exige para esta obra».
La decisión de suspender los dragados hasta el próximo abril se toma por los fuertes oleajes habituales en el Cantábrico desde principios de octubre. El coste diario de la draga que trabaja en el superpuerto para los rellenos necesarios es muy alto.
Moyano indicó que prosiguen las labores de voladura del fondo de rocas conocido como bajos de La Concha, donde se hacen dos detonaciones diarias de 1.000 kilos de explosivos. Ese escollo, en mitad de aguas de la nueva dársena, es de menor tamaño que Las Amosucas, una de las dificultades naturales para la entrada de los grandes buques en El Musel, pero es necesaria su voladura para garantizar la seguridad de los barcos con calados superiores a 20 metros. Tanto Castanedo como Miguel Jerónimo subrayaron que pese a la dificultad de obra, cuya primera piedra se colocó en abril de 2005, sólo se registraron dos accidentes de cierta gravedad.