Leticia PRADO
En el escaparate de una tienda de El Llano, entre un enorme dálmata de porcelana, un pequeño arca familiar tallado a mano y decenas de visillos, lucen dos butacas de un anfiteatro bien conocido por todos los gijoneses: el del Jovellanos. No se trata de un recurso de escaparatismo como otro cualquiera; es todo un homenaje. El que Óscar Villanueva y Flor Fernández, los propietarios de estos asientos que el Jovellanos puso a la venta antes del inicio de las obras de reforma, han querido hacerle al histórico coliseo. De hecho, gran parte del escaparate de la tienda de interiorismo que regenta esta pareja gijonesa constituye un guiño al pasado de la región.
«Me hace mucha ilusión tener las butacas. Para mí tiene mucho valor porque forma parte de la historia del teatro, de Gijón y, por tanto, de todos los ciudadanos», explica Fernández. Se enteró del sorteo para la compra de las butacas la misma mañana de la convocatoria y fue la tercera de la cola. Aunque le habían asegurado que se respetaría el orden de llegada, al dar la vuelta a la urna con las peticiones la suya quedó en el puesto 183. No pudo conseguir ninguna de las butacas de cabecera, llamativas por su ornamentación, pero la suerte quiso que dos de los 423 asientos normales fuesen en sus manos. Flor Fernández había conseguido «un pedazo» del teatro por 120 euros. La pareja quiso mantener los dos sillones casi intactos. «Óscar se encargó de la restauración pero retocamos lo mínimo para mantener su esencia. No hemos utilizado barniz, hemos conservado el cuero de los asientos y los números originales, y las bisagras las hemos limpiado con vinagre, un remedio bastante casero», relata. El matrimonio mantiene la misma actitud con el resto de antigüedades que adquieren, entre ellas, una máquina de escribir, un aparador y un baúl que el abuelo de esta coleccionista talló a mano.
Muchos curiosos preguntan si estas dos reliquias están en venta, pero Fernández es clara: «Siempre que alguien pregunta por ellas respondo lo mismo "te vendo lo que quieras salvo las antigüedades". Llaman la atención porque las tenemos a la vista, no se quedan olvidadas en un desván debajo de una sábana. Nosotros mantenemos la historia viva».