FRANCISCO GARCÍA
El titular del Juzgado número 4 de los de Gijón acaba de imponer a un maltratador el uso obligatorio de una pulsera electrónica con GPS para evitar que se acerque a su víctima y controlar los movimientos de la fiera. Estas medidas judiciales preventivas contra la violencia de género son dignas de aplauso, si bien la pulsera puede resultar más efectiva para localizar al agresor tras el delito que para evitar que lo cometa. La mejor prevención se educa desde el pupitre, en el templo del aula, tan venido a menos. Nos educaron en la ley del más fuerte y muchos hombres crecieron entre verdades como puños, como tantas mujeres aprendieron desde niñas a pasar a diario la fregona por los suelos sucios del infierno y a cocinar para el diablo. Para las agredidas, la realidad tiene dos caras: una mejilla para recibir y la otra para seguir recibiendo. Lo suyo es vivir en el filo de la navaja, que es la hoja fría del arma homicida. Nunca fue consuelo para una maltratada que el agresor le venga con una pulsera. Lo prefiere con esposas.