M. SUÁREZ
Cuando la Fundación San Eutiquio se puso a rehabilitar su edificio de Cimadevilla, el párroco de San Pedro y presidente de la institución tuvo muy claro a qué necesidades había que dar cobertura con la obra. Javier Gómez Cuesta se sentó con el arquitecto José María Cabezudo, encargado de diseñar la reforma, y le trasladó: «Quiero que haya espacios para jóvenes, para niños, para mayores... Hay que recuperar la actividad que siempre tuvo esta parroquia».
Tras año y medio de trabajos constructivos, esa indicación ha cobrado forma. Salvo por algunos detalles menores, el edificio ya está preparado para su nueva andadura como centro parroquial. Esta misma tarde, a las 20 horas, José Antonio Samaniego y Germán G. Ortega presentarán el libro «La Coronación de Nuestra Señora de los Remedios de Guimarán (1959-2009)» en su flamante salón de actos. Esta primera actividad responde a un compromiso que la Fundación adquirió hace tiempo con los autores, porque la inauguración oficial tendrá que esperar a los correspondientes permisos municipales.
Ayer, Javier Gómez Cuesta y José María Cabezudo hacían con este periódico una visita previa a los 1.000 metros cuadrados de instalaciones. Visita a la que se sumó Nicanor López Brugos, sacerdote en Mieres y patrono de la Fundación San Eutiquio. «El mayor reto arquitectónico de esta rehabilitación ha sido ganar espacio incorporando al edificio unos cuerpos abuhardillados», apunta Cabezudo. En esas buhardillas se han acondicionado cuatro estudios para residencia de sacerdotes.
El edificio, situado en la avenida de La Salle, frente a la iglesia de San Pedro, fue levantado en 1916 bajo las directrices de Miguel García de la Cruz, profesional al que Gijón debe buena parte de su legado arquitectónico. En los bocetos originales ya se recogía la idea de hacer una buhardilla, aunque no llegó a ejecutarse. José María Cabezudo siguió ese diseño primitivo, en una rehabilitación sumamente respetuosa con el aspecto exterior del edificio. En cuanto al interior, lo ha transformado por completo.
Inicialmente, el inmueble se destinó a escuela de niñas. A mediados de los 70, pasó a convertirse en hogar de jubilados de Cimadevilla y centro de día para mayores. A partir de ahora será un centro para uso de la Fundación San Eutiquio y de la parroquia de San Pedro, que sólo contaba para sus actividades con la sacristía del templo -unos 40 metros cuadrados-, pese a abarcar un ámbito territorial de 6.000 vecinos.
El equipamiento tiene en su planta baja un salón de actos con capacidad para 80 personas; dos despachos, uno para Cáritas Parroquial y el otro para orientación familiar; y una sala-bar, concebida como zona de encuentro. En la primera planta hay una biblioteca con espacio para que la Fundación celebre sus reuniones, dos salas polivalentes, una sala de reprografía y una capilla, todavía sin altar. Está barnizándose. Su fabricación corre a cargo de un carpintero del propio barrio de Cimadevilla, de donde también es vecino el arquitecto responsable de la rehabilitación.
«¿Ves los juegos infantiles de ahí fuera? Son para que los matrimonios jóvenes que quieran venir a misa puedan dejar aquí a sus hijos», destaca Gómez Cuesta, para dar fe de que, tal como había previsto, el centro parroquial San Eutiquio tendrá «muchos usos».