BENJAMÍN LEBRATO
Inés Díaz-Negrete Palacio es una laureada jugadora de golf amateur. Esta joven gijonesa, que con 25 años está a punto de completar su proyecto fin de carrera de Arquitectura, si volviera a nacer sería de nuevo jugadora de golf, sobre todo porque disfruta con el juego y se lo pasa muy bien. Su palmarés es inmenso, tiene campeonatos de España, internaciones como el de Chiberta, innumerables de Asturias y muchas, muchas decenas de torneos de club y entidades, entre ellos, con su hermano Miguel, el torneo de LA NUEVA ESPAÑA en 2007, que cuenta con más de setecientos participantes.
Este año fue primera con el equipo nacional español en los Juegos del Mediterráneo, englobados dentro del Movimiento Olímpico; fue cuarta en el Campeonato de Europa, celebrado en Eslovenia, y sus tres participaciones, como invitada amateur, en el circuito de profesionales Banesto Golf Tour, se cuentan por éxitos: segunda en Madrid, segunda en La Barganiza y primera en Pedreña, este mismo mes. Todo un lujo para una gran deportista.
Inés nació en una familia muy golfística, vinculada desde sus inicios al Club de Castiello. Allí fueron fundadores y comenzaron a jugar en el año 1958 sus abuelos: Miguel Negrete y Paco Palacio, que con casi 90 años aún siguen jugando; y sus padres, Miguel y Mayuti, que se iniciaron con los primeros grupos de niños de Castiello. Tal es la implicación de la familia Negrete-Palacio, que actualmente juegan al golf 25 de sus miembros.
Por ello, Inés vivió el golf desde sus primeros recuerdos infantiles. Con ocho años ya iba a las clases colectivas de niños y cuando jugó su primer torneo dicen que lo pasó tan bien que quiso repetir. Seguía disfrutando en los torneos de la escuela de Castiello pero le salió su vena competitiva y quería ganar. Para ello entrenó sin descanso con Ángel Sierra, su profesor, lo que le llevó a ganar sus primeros torneos sociales y federativos. Inés se muestra orgullosa de pertenecer a Castiello porque todos, socios y dirigentes, siempre se volcaron con ella y estuvieron pendientes de sus resultados. Su paso por los equipos de la Federación asturiana y nacional le llevó a tener distintos profesores, pero esos nuevos retos los afrontó de la mano del profesional asturiano Eduardo Fernández, con el que continúa en la actualidad. Dice que es su mejor profesor, con el que mejor se entienden y conecta, siendo sus clases efectivas y perfectas.
Por su parte, Eduardo Fernández recuerda que hace unos años, dada su gran calidad, sus clases se limitaban a escucharla y hacer que entrenara algo -nunca le gustó la práctica- ya que apenas había nada que corregir o decirle, ya que la joven realmente movía la bola donde quería. Para Eduardo, Inés Díaz-Negrete es una alumna fantástica, tan buena jugadora como persona, con una gran facilidad para el golf y, lo más importante, alguien que disfruta jugando. Llegó al equipo nacional con 15 años, siendo la más joven, y ahora con 25 es la veterana. Y para seguir. Ha llegado a formar una segunda familia con la capitana, Macarena, y sus compañeras María Recasens, Inmaculada Lama, Carlota Ciganda y Azahara Muñoz, entre otras.
Inés estudio en el Colegio de La Asunción y siempre que puede hace una visita a ver a sus antiguos profesores, que tanto apoyo le prestaron adaptando sus clases y exámenes a las exigencias de sus participaciones en las competiciones nacionales. Todo lo contrario le ocurrió en la Universidad; allí descubrió que no hay trato personalizado y tuvo que dejar, durante varios años, de competir al más alto nivel.
María Menéndez, Paula del Campo, Mar Merino y Marina Urbón, entre otras, forman su círculo de amigas gijonesas. Todas hablan maravillas de una joven que definen como simpática, alegre, cariñosa, detallista, muy habladora y alguien a quien le encantan los niños. Entres sus aficiones está la fotografía y hacer collages con fotos; le gusta la música, bailar, la ropa y viajar; nada que no le guste a una joven de su edad. Además del golf practica el pádel, y le gustan además casi todos los deportes, especialmente en equipo, como el balonmano o el futbito.
Pero detrás de Inés siempre estuvieron sus padres, apoyando, sin forzar, sin meter presión. A Mayuti, su madre, siempre le tocó la tarea de «llevadora» de Inés: a sus entrenamientos y a las competiciones. Su padre, Miguel, siempre se entendió a la perfección con Inés, tanto que en sus últimos compromisos deportivos fue su caddie. Y con gran éxito puesto que sabe darle tranquilidad y seguridad en las situaciones delicadas del juego.
Mención especial tiene la conexión entre Inés y su hermano Miguel, con el que siempre juega al máximo nivel, con presión y con alguna apuesta por el medio, simulando lo más posible las situaciones tensas de la competición. Cuando juegan juntos en torneos de parejas salen con los oponentes vencidos, tal es el nivel de juego de ambos, y el respeto que generan entre sus contrincantes.
De los cientos de torneos y campeonatos en los que lleva participando, el que más le impresionó fueron los Juegos del Mediterráneo, donde pudo vivir un ambiente olímpico. Dicen que fue una experiencia que Inés no cambiaría por nada, con todos los componentes de la delegación española -independientemente de la disciplina- formando una piña, exactamente lo que le gusta a esta figura gijonesa.
Inés, que ha sacrificado muchas cosas para cumplir con sus estudios o con el golf, tiene ahora que jugar un nuevo torneo, algo más casero: el que la llevará a obtener el permiso de conducir y, a continuación, conseguir que su madre le deje el coche.
Sus proyectos de futuro pasan por acabar el proyecto fin de carrera, ponerse a trabajar en un nuevo estudio de arquitectura o, llegado el caso, en el de su abuelo. Pese que desembarca en el mundo laboral en una época difícil, a buen seguro se superará como si de un campeonato se tratara.
En cuanto al terreno deportivo, Inés Díaz-Negrete quiere seguir siendo amateur -a pesar de las muchas ofertas que tiene para ser profesional- y compaginarlo con el trabajo. Su gran objetivo es conseguir jugar con el equipo nacional el Campeonato del Mundo que se jugará en Argentina el año próximo. En tiempo real lo que le toca es participar la próxima semana en el Open de Tenerife, prueba del Circuito Europeo profesional femenino, donde seguro dará que hablar. Después le toca, por fin, un descanso.
Siempre ha tenido detrás a sus padres: a Mayuti le tocó la tarea de «llevadora», y con su padre se entiende a la perfección, tanto, que en sus últimos compromisos ha sido su caddie