FRANCISCO GARCÍA
Muchos gobernantes no soportan que los ciudadanos caminen con el paso cambiado, que discurran por la vía pública y por la vida al dictado exclusivo de su libre albedrío. De manera que conviene conducirse con cuidado, si se maneja un discurso distinto -y también distante- del oficial. Viene esto a cuento del recordatorio de aquel alcalde de Gijón, y además militar, Cecilio Olivier Sobera, que en un edicto de 1959 obligaba a los gijoneses a transitar por la acera de la derecha. Ha pasado medio siglo de aquello y en esta ciudad la norma que se transmite al común desde la oficialidad municipal es circular por la izquierda. La oposición, menos por convicción que por norma, defiende el sentido contrario. Así, se sitúan por costumbre unos de otros en la acera de enfrente. En los tiempos que corren, ocupar el centro está mal visto y ha perdido el sitio: motivo por el cual no acaba de prosperar la peatonalización, que es la libertad de andar cada cual a su aire.