C. J.
El barrio de Hammarby, situado al sur de Estocolmo, se presenta como un pequeño oasis dentro de la vorágine del ladrillo y la contaminación que ha consumido entornos privilegiados en todo el mundo.
Erik Freudenthal, responsable de comunicación del centro de recuperación ambiental de Hammarby, se refirió ayer en Gijón a las ventajas de un nuevo concepto de desarrollo urbano sostenible que en Estocolmo han acuñado con el término de «simbiociudad».
Se trata de un modelo urbanístico centrado en lograr una ciudad más limpia y agradable para todos los vecinos. Cuenta entre sus pilares básicos con sistemas de transporte tan ecológicos como las bicicletas eléctricas, el ferry gratuito para los desplazamientos de una a otra isla y las cooperativas que permiten a cientos de personas compartir unos pocos vehículos para reducir las emisiones.
«Nuestro objetivo era lograr que un 80 por ciento de la población se desplazara en diferentes medios de transporte ecológico al trabajo. El resultado es que hemos podido reducir un 40 por ciento el uso del coche», se congratuló Freudenthal, ante un auditorio concienciado con los problemas derivados de un urbanismo voraz.
«En Hammarby los desarrolladores se volcaron en crear electrodomésticos verdes y en los edificios se instalaron células y paneles solares», agregó el responsable del centro de recuperación ambiental de este distrito sueco. «Todo lo que echamos a la basura viene de vuelta a nosotros», agregó. Reducir el consumo de agua de los ciudadanos también forma las prioridades de las autoridades de aquel país. De 200 litros por persona y día han pasado a 150.
El ejemplo de Hammarby venía a poner sobre la mesa en los Encuentros de Cabueñes las posibilidades de los nuevos modelos de desarrollo urbano. Hoy volverá a abordarse esta cuestión en la sesión matinal del congreso.