JORGE ESPINA DÍAZ
Cuando uno dice Mino dice Pumarín. Porque su figura de hombre bueno va inseparablemente unida a la del barrio obrero del sur de nuestra ciudad que nació con las primitivas edificaciones de la Urgisa y que luego se consolidó con la construcción de las 1.500, hasta llegar a ser lo que hoy es: uno de los más modernos, dinámicos y participativos de Xixón. Y ello en gran medida gracias a la lucha vecinal de la Asociación de Vecinos «Severo Ochoa», de la que Belarmino García ha sido presidente los últimos dieciséis años y que desde su fundación, hace cuarenta años, contó con su activa participación, hasta el punto de que Mino debe ser considerado uno de los históricos del movimiento vecinal de nuestra ciudad.
Por eso cuando sus convecinos y convecinas paseen por las grandes avenidas del barrio, o se sienten a descansar en sus amplios parques, o disfruten de los servicios que presta el centro municipal integrado Xixón-Sur, deben saber cuánto de todo ello deben a hombres sencillos, pero insustituibles, como el propio Mino.
Pero su nombre no es sólo Pumarín. Decir Mino es también decir lucha, constancia, solidaridad, dignidad. Y también Comisiones Obreras, clandestinidad, Partido Comunista, entrega. Porque a su faceta de dirigente vecinal unió a lo largo de su ya prolongada vida una activa participación en las entonces nacientes Comisiones Obreras en la fábrica de Moreda, donde trabajó toda su vida hasta su jubilación, en la sección de calderería. Y también su militancia ya de lejos en el Partido Comunista, primero en la Agrupación de Pumarín y más tarde en la del Movimiento Ciudadano, donde yo le conocí hace ya unos cuantos años, siendo yo un guajín y él ya todo un veterano en la lucha, junto con Esther, Víctor, Marujina, Kike de La Camocha, Tino, Pepín y muchos más.
Y es que esa triple faceta de dirigente vecinal, líder obrero y militante político es lo que desde siempre caracterizó a estos comunistas de bronce que, forzados por las duras condiciones de la época que les tocó vivir, fueron los sostenedores de la razón democrática durante los cuarenta años de franquismo. Porque Mino nunca lo tuvo fácil. Desde que naciera en Muñó (Siero), hace ya más de ocho décadas, hasta que fijara su domicilio en Xixón para ganarse el pan, junto con su compañera inseparable desde hace más de 55 años, Lola Villar. Juntos comparten fatigas y luchas, pero también esperanzas. Juntos también criaron dos hijos, Mino y Manolo, a los que desde siempre inculcaron las ideas de rebeldía frente a la injusticia y la sinrazón, ya sea en Xixón o en Palestina.
Y juntos siguen hoy en la vida. Con los años a cuestas, pero compartiendo ilusiones. Y si alguien piensa que con el abandono de la presidencia de la asociación de vecinos Mino pasa a la reserva, se equivoca. Porque seguirá luchando por los derechos de sus vecinos y vecinas desde la presidencia de la Asociación de Pensionistas y Jubilados de El Llano; seguirá peleando por un mundo más justo y solidario desde Izquierda Unida; seguirá conquistando espacios de libertad desde su cotidiana lucha.
Por eso es justo reconocer hoy la labor de Mino y de Lola. Sin ellos y sin un buen puñado de hombres y mujeres similares, que dedicaron muchas horas de su vida para que otros vivan en mejores condiciones, nuestra ciudad sería un poco peor. Menos humana, menos habitable, como diría el poeta.
Por eso hoy quiero decirte, amigo Mino, que muy probablemente la vida para ti ha sido dura y sacrificada. Pero para nosotros, tus compañeros y compañeras de militancia, ha sido y será siempre un ejemplo en el que mirarse y sobre todo un honor y un orgullo.