M. SUÁREZ
La sociedad Hoyant S. L. intervino en todas las operaciones de compraventa que ahora investiga el Juzgado de instrucción número 5 dentro del llamado «caso Blanco». La explicación ofrecida por su administrador, Horacio Costales, es una pieza clave en las diligencias que se están llevando a cabo para determinar si el ex arquitecto jefe del Ayuntamiento Ovidio Blanco actuó delictivamente con la finca de Cabueñes que le reportó una plusvalía de 600.000 euros. El empresario, aquejado de problemas de ansiedad, testificó en su propio domicilio la pasada semana. Ayer, este periódico tenía acceso a la copia de su declaración:
l ¿Por qué le vendió a Ovidio Blanco una parte de La Llosona? «Por la relación que tanto mi socio Antonio Cueto (fallecido en 1999) como yo teníamos con él. Dada la actividad que desarrollaba nuestra empresa, Hoyant S. L., tuvimos que acudir alguna vez al Ayuntamiento, entrando en relación con el arquitecto municipal, que nos comentó su interés por adquirir una parcela rural para su esposa».
l ¿Iba usted personalmente al Ayuntamiento para consultar temas urbanísticos? «En mi vida habré ido unas 6 u 8 veces. Mi socio era más asiduo».
l ¿Quién pidió que la segregación de La Llosona no requiriese licencia? «No lo recuerdo, puede que mi socio. Pero quiero hacer constar que segregamos otra parcela, además de la de Ovidio, que compró don Carlos Riera para hacer una edificación». En cuanto a la finca del ex arquitecto municipal, «creo recordar que la deslindó y plantó cerezos y ciruelos».
l ¿Cómo cobró Hoyant el dinero de esa venta? «No recuerdo ni la cuantía ni la forma de pago. Me remito a las escrituras».
l ¿Por qué volvió a comprar la misma finca en 1998? «Los compradores fuimos mi socio y yo. Hoyant ya no desarrollaba actividad, aunque todavía no habíamos procedido formalmente a su liquidación. Ante la inminencia de un nuevo Plan de Ordenación Urbana, los asesores nos dijeron que nuestros intereses podrían verse afectados de cara a una posible recalificación por el hecho de que una parte de La Llosona perteneciese al arquitecto municipal, encargado a la postre de la actividad urbanística. Ante esta situación, Antonio convenció a Ovidio para que nos revendiera la parcela. Aunque no recuerdo cuándo la firmamos ni cuál fue el medio de pago».
l ¿Y la reventa de 2004? «No fue fruto de ningún pacto previo. Ovidio se había portado bien y consideramos que debíamos ofertarle la devolución de la parcela en su momento».
l ¿Por qué valoró en 20.424 euros una finca que, 16 meses después, Ovidio Blanco vendió a Urbis por 617.420? «No sé con exactitud cuál fue el precio, pero existe constancia porque se emplearon cheques. Dado el comportamiento que Ovidio tuvo con nosotros, mi socio y yo habíamos convenido establecer el precio que le correspondiese a la finca con independencia de sus posibilidades urbanísticas. Se fijó el precio de acuerdo con la viuda de Antonio y con el asesoramiento fiscal de Miguel de la Fuente. Aunque pueda parecer extraño, fuimos fieles a la palabra dada, sin que ello suponga una retribución de los favores prestados a Hoyant, porque, a mi juicio, Ovidio Blanco no ha tenido ninguna intervención en el PGOU».