FRANCISCO GARCÍA
Cualquier presupuesto de factura pública, pero, sobre todo, el de diseño estatal, se basa frecuentemente en un ejercicio de prestidigitación. Nada por aquí, nada por allá, pero de la chistera del poder (sea local, autonómico o nacional) siempre emergen las orejas de un conejo imaginario cargado de millones y entelequias. En las cuentas del Estado para 2010, recién cocinadas sobre el fogón de la crisis, no aparece un solo euro para la depuradora de la zona Este. Y como no hay partida específica, sale a escena el mago y se saca de la manga tramposa unos dinerillos del cajón de sastre asignado a la Dirección General de Agua. Le han metido tijera al anuncio hecho público este verano en Gijón por un alto cargo del Ministerio de Medio Ambiente, quien aseguró que las obras saldrían a licitación este año. A nadie extrañe que los recortes afecten a un departamento partido por la mitad: mejor nos iría si en vez de dedicarse al medio ambiente el Estado prestara atención al ambiente entero.