J. MORÁN
Si la letra no ha de entrar a base de sangre, menos ha de suceder en el caso de una obra clásica como «El Quijote», sostuvo ayer Rosa Navarro Durán, catedrática del Universidad de Barcelona, que dictó una conferencia organizada por la Fundación Álvarez Viña.
Navarro Durán, ardiente defensora de la adaptación para niños de los textos clásicos, expresó su lamento por «escuchar a muchas personas que dicen: "A los trece años me hicieron leer El Quijote y lo pasé tan mal que no he vuelto a leerlo"». En consecuencia, «la letra no entra con sangre, sino que la lectura se logra cuando el niño accede a ella con placer y diversión».
La profesora de Literatura disertó sobre «Don Quijote a la medida de los niños», una necesidad basada, «sobre todo, en que los pequeños no entienden los originales porque no están a su alcance, e incluso no lo están para la mayoría de los adultos de este país».
Presentada por el director de la Fundación, Jesús Menéndez Peláez, en una mesa presidida por el edil de Educación, Justo Villabrille, Rosa Navarro expuso que los clásicos «han sobrevivido porque llevan dentro un potencial de imaginación, de enseñanza y de invención que les ha hecho sobrevivir a lo largo de los siglos». Esa esencia es la que «hay que hacer aflorar para enganchar a los niños». La catedrática, autora de la reciente obra «El Quijote contado a los niños», defendió la tarea de adaptación siempre y cuando «uno no haga "su" Quijote; suelo decir que yo soy el negro de los clásicos, ya que no escribo nada que no esté en ellos, sino que estoy a su servicio».
Profesora de Literatura desde 1969 y catedrática desde 1990, Rosa Navarro expuso asimismo los criterios de adaptación de los clásicos. «Primero, se ha de conocer a fondo la obra, para poder reproducirla con otras palabras; puedes entonces contarla pensando que tienes a los niños delante».
No obstante, un grueso y rico volumen como El Quijote precisa también de «un proceso de simplificación del lenguaje, con palabras que entienda un niño, y un proceso de simplificación de la historia contada».
Para ello es obligado «mantener la unidad, desde el comienzo, pasando por el viaje, hasta llagar al final». Entremedias, toda la serie de aventuras de Don Quijote y Sancho Panza precisa de selección, pero «si no pongo la de los molinos de viento, no sería El Quijote». De las demás aventuras, «selecciono las que afectan a al unidad de la obra, si no, se me caería la historia». Por ejemplo, «como Don Quijote tiene que regresar encantado a su casa, al final de la primera parte, no puedo prescindir de lo relacionado con ese encantamiento».
Existe otro criterio de adaptación consistente en «pensar en lo que les divierte a los niños, por ejemplo, todo lo relacionado con la escatología; en Picasso de habla del periodo anal, que es un retroceso a la fase infantil». Este criterio de selección significa que «si hay un momento en el que Sancho pasa miedo y le entran ganas de hacer aguas mayores, ese episodio ha de introducirse porque a los niños les encantará». En definitiva, «lo más divertido ha de utilizarse para actuar como anzuelo». La Fundación Álvarez Viña, promotora de la conferencia de Navarro Durán, nació por iniciativa de Ramón Álvarez Viña, empresario gijonés nacido en Gozón (1928) y que a lo largo de su vida ha reunido una ingente bibliografía e iconografía sobre El Quijote, un material único que forma la Biblioteca Cervantina de la Fundación Álvarez Viña, cedida al Ayuntamiento en 2008 con sus 2.000 documentos bibliográficos más la colección de iconografías.