C. JIMÉNEZ
«Bien merece uno pasearse por el mundo si tiene claro dónde están sus raíces». José Luis Álvarez Margaride, presidente de Thyssenkrupp para España y Portugal y distinguido ayer por la Asociación de Amigos de Natahoyo, se reconocía con estas palabras como orgulloso vecino del barrio fabril que lo vio nacer. «Es uno de los buenos, buenos amigos de El Natahoyo», indicaba Joaquín Cipitria, uno de los organizadores del homenaje junto a su hermano Secundino y los también «natahoyinos» Enrique Martínez y Manuel Muñiz.
En el repaso a la hoja de ruta de sus ocho décadas de vida, Margaride confiesa haber disfrutado de una «niñez divertida» entre El Natahoyo y Santa Olaya. El destacado empresario gijonés, que fue vecino del número 50 de la calle Mariano Pola, celebra que unos años tan fundamentales de su vida como la infancia y la adolescencia hayan transcurrido en un lugar «tan entrañable». Las colas para la distribución del carbón, reguladas por tres policías en bicicleta que los «natahoyinos» bautizaron como «los tres cerditos», la panadería de Lola, el tranvía bajando la cuesta de Santa Olaya «a gran velocidad» o los carros de fruta de Candamo camino de la plaza del Sur son recuerdos de la infancia de muchos vecinos del barrio obrero e industrial que ayer compartieron mesa y mantel para homenajear al presidente de Thyssenkrupp.
Con este reconocimiento, Margaride cierra la tríada de ilustres del barrio distinguidos por los Amigos del Natahoyo. En ediciones anteriores fueron galardonados el catedrático y eminente jurista Aurelio Menéndez, y el médico y político socialista Pedro Sabando, que al igual que el presidente de Thyssen llevan con orgullo el sello del barrio que los vio crecer.
Junto a los honores de sus convecinos, los tres suman idénticas preferencias de ocio. «Recuerdo la cueva del Raposu, donde también jugaban Aurelio y, un poco más atrás, Pedro», señaló un emocionado José Luis Álvarez Margaride, quien no se olvidó tampoco de aquel grupo de «quince llocos que en el verano de 1959 iniciamos la construcción de la piscina de Santa Olaya». Anécdotas de un barrio «único y singular» que para el galardonado sigue siendo ejemplo de generosidad: «Siempre llevaré El Natahoyo en el corazón». Y en el mapa, porque la Asociación de Amigos del barrio ya cuenta con el plano oficial que fija los límites exactos de uno de los espacios de la ciudad que más han crecido.