-¿El hecho de estar entre las 15 mejores de España marca un hito para la Universidad asturiana?
-Es un respaldo claro a un plan que está hecho, todo, en casa; eso hay que resaltarlo. En otras universidades el diseño se encargó a consultoras externas. Una las principales cualidades del nuestro es que es un plan muy realista: cuenta con lo que hay y proyecta lo que creemos que se puede hacer, pero sin demasiadas fantasías. Cuando uno proyecta un plan a futuro siempre hay servidumbres y deseos que tienen visos de llevarse a cabo, pero no certezas. Diríamos que de todo lo que está planteado podría hacerse un 70 por ciento, quizá más. Tenemos la certeza de que si se ponen los medios se puede hacer porque se trata de un plan honesto.
-¿Esperaban la mención de calidad para el proyecto de energía ?
-En esas cosas nunca se sabe, porque la de Oviedo no deja de ser una Universidad de tamaño medio frente a otras más potentes. Siempre te queda la duda de que estés jugando en una categoría donde no te puedes comparar con las grandes universidades de Madrid, Barcelona o Valencia, que nos triplican o cuadruplican; pero esta vez salió adelante porque es un proyecto singular.
-Y único en España, por cierto.
-El Ministerio sólo concede estas menciones a proyectos que no estuvieran repetidos en otras universidades, pero eso no quiere decir que no se vaya a potenciar también el proyecto de biomedicina de la Universidad de Oviedo. El de energía era novedoso y muy interesante. Casi diríamos que parte con los pies en el mar, porque uno de sus puntos estrella es la plataforma de pruebas de energía eólica marina.
-¿Qué otras iniciativas se contemplan para el campus gijonés?
-El proyecto no sólo aborda las cuestiones referidas únicamente a investigación y transferencia de tecnología, sino que aborda cuestiones en el ámbito de infraestructuras; por ejemplo, los nuevos edificios de servicios múltiples y residencia de estudiantes o la adaptación de otros espacios que facilitará una mejor integración de la Universidad en la sociedad.
-Los nuevos posgrados de Bolonia también prevé una orientación hacia la actividad investigadora. ¿La Universidad se volcado de lleno en la I+D?
-Ése fue uno de los objetivos del proyecto Campus de Excelencia, que es la posibilidad de que se puedan plantear titulaciones acordes con las líneas de trabajo de las empresas, de mutuo acuerdo. No es ni el mito de que son las empresas las que van a decidir lo que se va a estudiar, ni que la Universidad por su cuenta y riesgo se lance a plantear titulaciones que después no tengan conexión con el mundo real. Se trata de conjuntar intereses y visiones para que los titulados se integren fácilmente en las empresas; no en el ámbito de la producción, sino en el ámbito de la I+D.
-¿Hay sensibilidad hacia la I+D desde el Gobierno?
-Las sucesivas variaciones en la estructura ministerial han ocasionado toda una serie de retrasos administrativos. Como el vaivén ha sido tan rápido todavía no estamos en una fase estable, pero la intención era ésa.
-¿Son emprendedores los universitarios asturianos?
-Ésa es una de las cosas que también están en el plan, aunque ya estábamos realizando acciones porque era una carencia. La mayor parte de los estudios no lo contempla. Queremos incentivar la creación de empresas dedicadas a desarrollar y explotar el conocimiento adquirido en las aulas. Emprender es una aventura interesante: tiene riesgos; pero si sale bien, puede tener resultados muy favorables.
-¿Cuántas empresas se generaron a partir de la Universidad?
-En el vivero de empresas, en el edificio de servicios científico técnicos del Cristo, actualmente hay cuatro, pero hay otras empresas que no necesitan instalaciones especiales y que pueden alojarse en cualquier local que también surgieron de la Universidad. Podríamos decir que a día de hoy hay una docena.
-¿El edificio de servicios científico técnicos está completo?
-Sí, pero también está previsto crear en Gijón y en Mieres otros viveros de empresas, siempre que existan espacios.