C. J.
Cuando ingresó en Villabona en junio de 2008, Javier Ignacio P. A. aseguró que se había iniciado en el consumo de cocaína en torno a los treinta años, aproximadamente hace ahora una década. No obstante, los análisis toxicológicos que se le practicaron tras el asesinato de Juan Peralvo no pueden determinar que el consumo de cocaína efectuado el 8 de junio de 2008 fuera determinante en su acción criminal. «No se puede precisar ni la cantidad consumida ni el grado de adicción que presentaba a esa sustancia», aseguraron los peritos del Servicio de Atención a la Drogodependencia (SAD) durante la segunda sesión del juicio, que se desarrolla desde el martes bajo la modalidad de jurado popular. Los técnicos del SAD rechazaron asimismo que pudiera tener sus facultades cognitivas alteradas en ese momento.
La madre del acusado dio cuenta a su familia de que Javier Ignacio P. A. se había ido de su casa con un cuchillo. «Buscadle», advirtió en una conversación telefónica con su hija que también presenció la compañera sentimental del dueño del Hypnosis.
Los forenses confirmaron que Juanín falleció por un «shock hemorrágico». El cuchillo le seccionó dos costillas y le atravesó el pulmón izquierdo. «Hay que imprimir fuerza viva al arma para realizar esas lesiones», concluyeron los facultativos. Salvo que en el pub se hubiera encontrado en ese momento un cirujano para realizar una atención de urgencia no se hubiera podido salvar la vida de Peralvo, explicaron sobre las lesiones halladas en el cuerpo de la víctima.