C. J.
«José no te metas, voy a por él», dijo el acusado del crimen del pub Hypnosis al propietario del local antes de asestar la puñalada «mortal de necesidad» que acabaría con la vida de Juan Peralvo da Encarnación, «Juanín», la noche del 8 de junio de 2008. El relato de los testigos de los hechos y las pruebas periciales que se presentaron en el día de ayer en el juicio pusieron sobre la mesa que Javier Ignacio P. A. ni se encontraba con sus capacidades mermadas por el consumo de cocaína, tal y como él mismo confesó el día anterior, ni que la herida se produjo en medio de una discusión como maniobra de defensa.
Los hermanos Óscar y Eric B., presentes en el local en el momento del crimen, señalaron que en ningún momento se agredió al acusado, frente al relato que éste realizó al tribunal el pasado martes al asegurar que le habían dado «muchos palos». «No le pegaron, simplemente le dijeron que abandonara el pub», coincidieron los dos testigos. Ambos reflejaron que el acusado «se abalanzó sobre Juanín e instantáneamente le metió una puñalada».
La pareja del propietario del establecimiento indicó que Javier Ignacio P. A. presentaba una actitud «violenta», «hablaba en voz muy alta» y «se les oía alborotar en la zona del chapolín». Otro de los testigos dijo haber visto a Javier Ignacio P. A. «coger del pelo a una mujer y darle con la cabeza contra la pared». No obstante, los testigos insistieron que no hubo ninguna agresión hacia él y únicamente se invitó al imputado a salir del bar. Javier Ignacio P. A. regresó poco después con un cuchillo de cocina de grandes dimensiones en la mano, el arma del crimen. «Su hermana me dijo: "Lo que haya hecho, que lo pague." En aquel momento no pensé que era tan grave», relató la compañera sentimental del propietario del pub.
Más concluyente fue el testimonio de los peritos y los agentes que participaron en la detención de Javier Ignacio P. A., al descartar que pudiera estar bajo los efectos de cualquier sustancia estupefaciente. «Estaba muy tranquilo, no había nada en su comportamiento que llamara la atención», subrayaron. El acusado fue interceptado por dos policías cuando regresaba a su domicilio cuatro horas después del suceso. «Estaba escondido debajo de un árbol, podía haber estado ahí tres días y no me hubierais encontrado», les dijo a los agentes de la unidad de delincuencia instantes antes de proceder a su identificación.