Ángel CABRANES
«Todo lo que signifique crecer, bienvenido sea». La futura ampliación del Club Natación Santa Olaya es vista con buenos ojos por la mayoría de sus 16.000 socios. Los asociados serán quienes decidan si se acometen las nuevas obras, ya que los estatutos del club obligan a que al menos 3.000 de ellos den su visto bueno en asamblea. Entre las mejoras más valoradas por los abonados figura el nuevo «parking», que albergará a 66 vehículos en su parte subterránea y 12 en la exterior. Estas obras están vinculadas al desarrollo del plan especial Arbeyal-Santa Olaya, que ya ha sido aprobado en Junta de Gobierno. El olayismo seguirá creciendo a sus 56 años de historia.
«Cuando empezamos el club éramos cuatro amigos. Sólo teníamos un terrenín y ahora... Todo lo que sea mejorar es una maravilla», afirma emocionado Juan José Boadella, «Chani», socio número uno del Santa Olaya. Boadella fue uno de los muchos amigos de El Natahoyo que picaron en el pedrero para construir la primera piscina olayista. Ahora, Chani se siente orgulloso de haber sido uno de los pioneros. «Me alegro por los chavales, que tendrán más instalaciones para entrenar. Ésta puede ser la última gran ampliación de la entidad, pero el servicio que se seguirá dando a la juventud es incalculable», subraya el veterano socio.
«Lo mejor será el aparcamiento, porque en esta zona cada día es más difícil encontrar donde dejar el coche», destaca Roberto Cofiño, olayista desde hace 15 años. Al realizar una valoración conjunta, Cofiño reconoce que «la zona ganará en atractivo con el desarrollo del plan especial. Va a ser una zona muy guapa para vivir». Más apurada, a la carrera por los pasillos que conducen al vestuario, María Álvarez declara su impaciencia por ver acometidas las obras: «Tenían que empezar ya. Es una solución buena en todos los sentidos. A ver si no nos hacen esperar mucho».
Fernando Sánchez, socio desde hace más de 20 años, hace un parón en su serie de atletismo para valorar la ampliación como «perfecta. Se da solución a los aparcamientos y se reubica a los propietarios de los talleres. Una ciudad como Gijón, enfocada a los servicios, no podía tenerlos situados tan cerca de la playa de El Arbeyal». A su lado, Marcos Pérez se encamina junto a su hija a uno de los cursillos de natación, confiando en que la remodelación «no suponga una subida excesiva de las cuotas. Es un acierto, pero nadie vende duros a cuatro pesetas».
Concentrados en la disputa de un partido de tenis se encuentran Carlos Peláez y Jorge Iglesias. Hablar del Santa Olaya es motivo suficiente para hacer una pausa. «El polideportivo hace mucha falta», recalca Iglesias mientras su compañero gesticula cómplice. «También la construcción del aparcamiento es determinante. Esperemos que no nos toquen mucho el bolsillo, pero hay que reconocer que es una medida estupenda», concluye Peláez.