C. J.
«Soy consciente del daño que he causado y que he de ser condenado por ello, pero nunca quise ni deseé acabar con la vida de nadie. Lo siento por Juan y por su familia, pero también por la gente que me quiere a mí». Javier Ignacio P. A., acusado del asesinato de Juan Peralvo da Encarnación la noche del 8 de junio de 2008, aprovechó su última intervención ante el tribunal que le juzga para realizar un relato detallado de su situación personal como toxicómano, así como de los acontecimientos que derivaron en el fallecimiento de una persona en el interior del pub Hypnosis de El Llano aquella noche.
El abogado de la defensa, Sergio Herrero, insistió en que Javier Ignacio P. A. actuó influido por el consumo de cocaína y que su intención era lesionar, «pero no causar la muerte». Por este motivo, cambió la petición de libre absolución para su cliente por una pena de tres años de cárcel por un delito de homicidio imprudente con el atenuante de intoxicación por drogas. «No es lo mismo agredir para causar daño que ir directamente a matar. Además, el fallecido tuvo oportunidad de defenderse, no se abusó sobre alguien absolutamente indefenso», agregó Herrero, quien justificó la acción de su cliente «al verse humillado cuando Juan le recriminó su proceder ante otros clientes del bar».
Según los testigos que prestaron declaración en los últimos días, Javier Ignacio P. A. se encontraba la tarde noche del 8 de junio de 2008 en el interior del pub Hypnosis acompañado de su esposa, su hija de 5 años, su hermana y su primo. En un momento dado, inició una agresión contra su esposa y después hacia su hermana, momento en que la víctima trató de intervenir.
«Juanín no hizo nada, únicamente salió en defensa de dos víctimas de un ataque injusto e ilícito, eso le costó la vida, pero le podía haber pasado a cualquiera. Su acción fue honesta y cabal», señalaron los abogados de la acusación particular, quienes sostienen que no cabe el atenuante por drogas para el imputado, ya que, según explicaron, «ha de existir una intoxicación plena». En este caso, aseguran, el imputado era plenamente consciente de sus hechos y «tenía ánimo de matar».
El representante del ministerio público definió a Javier Ignacio P. A. como una persona «arrogante, violenta y agresiva», que había sido condenado en dos ocasiones por atentado a la autoridad. Su abogado se apresuró a aclarar de su cliente que había sido archivado el caso vinculado a la discusión que mantuvo con su esposa en el mismo establecimiento.
Por parte de la acusación particular, tanto el abogado de la familia, Jesús Villa, como el letrado que representa al propietario del local, Ricardo González, coincidieron en señalar que la puñalada que acabó con la vida de Juanín fue «extremadamente violenta», descartando así el razonamiento de la defensa en cuanto a que se trataba de un homicidio imprudente. El jurado inicia hoy sus deliberaciones.