A. RUBIERA
Hay 33 millones de personas que viven en el mundo con VIH-sida. Sólo en un año se producen más de 2,7 millones de nuevas infecciones y dos millones de personas mueren cada doce meses por esta causa. En el África Subsahariana se concentra el 70% de esas muertes, pero Europa del Este y Asia tienen, a día de hoy, el crecimiento más rápido de una epidemia que se está feminizando. El 45% de las nuevas infecciones afecta a jóvenes entre los 15 y los 24 años, y tampoco se está logrando disminuir, sino que se incrementa, la transmisión de la enfermedad por vía vertical (de madres a hijos). Pese a que existen herramientas para controlar ese tipo de transmisión.
«Son, todos, datos graves. Por mucho que se diga, y es cierto, que el sida se está estabilizando en el mundo, lo cierto es que lo está haciendo en unos niveles inaceptablemente altos que nos obligan a seguir trabajando. Hablamos de una enfermedad que provocó una crisis global sin precedentes en el mundo. Una crisis que ha diezmado poblaciones y ha generado pobreza y enfermedad en unos números increíbles». En esos términos durísimos presentó ayer en Gijón, en el Hospital de Cabueñes, la situación del VIH en el mundo la secretaria del plan nacional sobre sida, Teresa Robledo. Con su presencia se abrió la jornada de trabajo sobre prevención y atención al VIH y las infecciones de transmisión sexual organizada por la Dirección General de Salud Pública.
En lo referente a España, Teresa Robledo indicó que el país está en una tasa de 86 casos de enfermedad por millón de habitantes, superior a la media de la Europa occidental, pero la mitad de las cifras que registra la Europa del Este. En nuestro entorno, según Robledo, «está teniendo un peso muy importante la transmisión debido a relaciones homo-bisexuales».
Entre las nuevas situaciones que preocupan a las autoridades españolas, Teresa Robledo señaló el tema de los inmigrantes «no porque estén suponiendo un riesgo mayor que la población nacional, sino porque se están incorporando a la infección en la misma medida en que empiezan a ser un colectivo importante en España. Además, no terminamos de llegar a ellos en prevención, y eso nos obliga a trabajar más». La responsable del plan nacional de sida también se refirió a la necesidad de «combatir el estigma social» de la enfermedad, y en ese punto citó la demanda de la reparación de la lipoatrofia facial -el demacrado aspecto de algunos enfermos, fruto de una mala distribución de la grasa-. «Hay una lucha desde hace años para introducir esta solución en la cartera de servicios de la sanidad pública y en breve se va a firmar el uso tutelado, durante tres años, de estas intervenciones por parte de las comunidades autónomas, ya que faltan evidencias de qué solución de las muchas que hay es la más eficaz. Eso dará garantías a los enfermos», indicó Robledo.