FRANCISCO GARCÍA
No se conoce a nadie que, en Gijón o en Asturias entera, albergue interés en hundir a El Musel como si fuera un barco a la deriva. Ni siquiera el PP y su estrategia de tierra quemada y dique seco. Lo cierto es que la recesión está pasando factura al Puerto en el momento más inoportuno, en el que acomete su crecimiento en medio de una grave discusión, económica, política y social, acerca del monumental encarecimiento de la ampliación portuaria. La pérdida de tráficos -y por tanto de ingresos- en los primeros meses de este año no ayuda a serenar los ánimos dentro de la Autoridad Portuaria, que además deberá asumir en los próximos ejercicios la devolución del préstamo estatal con el que financiará el desfase presupuestario de las obras. Si decrecen los tráficos y aumentan los gastos repercute en la comunidad portuaria en su conjunto: prácticos, remolcadores, amarradores, transportistas, hosteleros de la zona... El Musel es una ciudad dentro de la ciudad, pero parece una huida hacia adelante.