POR JAVIER MORÁN
Una vez más lo ha logrado el concejal de Hacienda, Santiago Martínez Argüelles. Lo que podía haberse convertido en un degolladero para él -subida de impuestos municipales-, se ha diluido como un azucarillo tras el anuncio de que los tributos gijoneses sufrirán una congelación aceptable. Evidentemente, al primero que ha de agradecer esta circunstancia el concejal Argüelles es al mismísimo Gobierno de Zapatero, que se ha llevado de calle los impuestos de la nación con esa subida del IVA y de la fiscalidad sobre los ahorros. Una vez que los expertos han echado números, sabemos que el impacto sobre los bolsillos parece contundente e inevitable. Además, la eficacia de tal subida impositiva es discutible, tanto porque no se llegue al dinero que se espera recaudar como por los efectos sobre un retraso en la recuperación general de la economía española.
En resumidas cuentas, Zapatero logró caldear convenientemente al país y como además parecía querer llevarse toda la tarta de los impuesto tanto el Gobierno del Principado como la municipalidad gijonesa se han retraído con los suyos. Afortunadamente.
No conocemos el proyecto de cuentas municipales que Martínez Argüelles tenía antes de que Zapatero hubiera dado el golpe, pero nos temíamos una subida que el Ayuntamiento denominaría como «moderada», pero que el gijonés percibiría como poco grata. De hecho, sobre el pulso de la economía local hablan hasta las basuras. Mejor dicho, hasta el servicio de recogida de residuos sólidos urbanos, que carga muchas menos toneladas que cuando la cosa estaba bollante y había burbujas por todas partes, como la inmobiliaria o la crediticia. Y como una burbuja, Gijón es ciudad que se está deshinchado también. Según las previsiones dadas por el Principado, para los próximos meses, el desempleo va a golpear con contundencia. Se acabó el «plan E» de Zapatero, y con las obras acabadas, la mano de obra que las hizo vuelve a esperar mejor fortuna. Y para el plan equivalente del año que viene, los ayuntamientos ya están pidiendo poder emplear un 60 por ciento en partidas corrientes, es decir, en los gastos habituales municipales, especialmente en Servicios Sociales. Es decir, el «plan E» de 2010 podría crear mucho menos empleo que el provisional creado por el de este año.
Así que tocan momentos de desinflado: de las basuras, del empleo o del plan de vías, cuyas astronómicas cifras de plusvalías alcanzables por venta de suelo para rascacielos han pasado ya por la rebaja propia del descalabro inmobiliario. A este paso, entre los retrasos descomunales del Ministerio de Fomento y la rebaja de expectativas de negocio, calculamos que el metrotrén y la supresión de la barrera ferroviaria no serán visibles hasta dentro de una década. Está claro que la ciudad se detiene, pero, al menos, los impuestos locales no ahogarán el año que viene.