M. I.
Manuel Peláez llegó de Santiago de Chile en 1934. Después de regentar algunos bares, como el tradicional Centenario, decidió abrir una droguería en la ciudad, la Droguería Asturiana, que después pasaría a manos de sus hijos: Luis, José y Celso y más tarde de sus nietos, Ahora, el local cumple 75 años.
-¿Cuál es el secreto para que el establecimiento continúe después de 75 años?
-La crisis ha acabado con muchos negocios, pero la cuestión es especializarse. En la droguería siempre hemos procurado tener todo tipo de productos químicos y despachar como Dios manda. No hemos sido antipáticos, ni repugnantes. Es más, muchas personas realizan su compra de forma fraccionada para poder venir más a menudo, sólo a charlar porque se encuentran solos.
-Han sobrevivido al exterminio de pequeñas superficies.
-Sí, la verdad es que es una pena que desaparezcan los pequeños establecimientos porque todos tienen algo que los hace especiales.