FRANCISCO GARCÍA
La directiva del Oviedo ha pedido disculpas a su afición por la mala imagen -más que mala, pésima- de los carbayones el pasado domingo sobre el césped de El Molinón frente al Sporting B. También podrían haber tenido los mandatarios ovetenses el detalle de dar las gracias a los maquinistas del engranaje de Mareo porque el baño de los yogurinos a los sobrevenidos de la capital ha oficiado de catarsis para resolver, por fin, el entuerto del entrenador azul, tras semanas de indefinición, dimes y diretes. El «derbi menor» fue un partido mayor en ambiente y en número de espectadores, ya que pocos campos de Segunda División son capaces de congregar un domingo futbolero a más de diez mil almas sobre el cemento, y prácticamente ninguno en Segunda B. Calor y color en la grada, aunque escasa originalidad en el insulto por parte de unos y otros. Hay que aprender a insultar con elegancia y distinción: el puñal suele causar más sangre cuando se empuña con guante de seda.