CUCA ALONSO
El llenazo conseguido en el salón consistorial -recinto que no es pequeño-, en la presentación del libro de Alfonso Peláez, indefectiblemente nos llevó al recuerdo de Dioni Viña, y a su prodigiosa capacidad de convocatoria; ambos, Dioni y Alfonso, deberían figurar en el «Libro Guinness de los récords». Allí estaba todo Gijón, desbordando vestíbulos y escaleras, representantes de tirios y troyanos, gentes de toda edad, dignidad y condición, unidos por un lazo común: el cariño a un buen chaval, un playo genuino, un gran amigo.
Presidió el acontecimiento el concejal de Promoción Económica, José María Pérez, que en su intervención disculparía la ausencia de la alcaldesa, Paz Fernández Felgueroso, requerida con urgencia en Madrid. A su derecha se sentaba Francisco Prendes Quirós, circunstancia que al respetable le hizo relamerse de gusto; sus alocuciones son garantía de interés, buen humor y fina ironía. Y no defraudó nuestro virtual cronista oficial de la villa, título que lleva in péctore en opinión de muchos de nosotros, por mucho que digan que la figura del cronista ya no encaja en los nuevos organigramas municipales. Vale, pero lo es, ¿quién, si no? «Asistimos al nacimiento de otro libro sobre Gijón, y ya son miles, pero no suficientes. Debería editarse un volumen cada quince días, es lo que merece una ciudad tan viva, rica y dinámica como ésta. Alfonso Peláez ya ha escrito dos», dijo en su inicio Paco Prendes, y respecto a la obra, «Droguería Asturiana (1934-2009)», la definió como un libro leve, corto, que se lee de una sentada. El prólogo es de Juan Ramón Pérez Las Clotas y el epílogo de Pedro de Silva, «tesoro oculto de esta villa, que no quiso ser alcalde de Gijón; una pena».
Francisco Prendes Quirós, remontándose al año de la creación de Droguería Asturianía, 1934, hizo memoria de los establecimientos más destacados de la época, el San Luis, Calzados Minerva, la Ciudad de Londres, Simeón... «El Nordeste se lo llevó todo, hasta Casa Marcelo, Somió Park, el Alcázar o Richmon, pero sigue Droguería Asturiana, en la misma esquina de siempre». A propósito de la decisión tomada en 1946, de colocar un rótulo saliente, de 80 centímetros por 46, Paco Prendes manifestó que la oportuna licencia, de la que informaría el arquitecto Díaz Omaña, padre de Miguel Díaz Negrete, presente en la sala, se tramitó en dos semanas. «Como hoy...». A las risas de la concurrencia respondería el concejal, comprometiéndose a investigar sobre los plazos actuales de concesión de una licencia similar.
Alfonso Peláez, nacido en octubre de 1954, hizo sus estudios en el Colegio de la Inmaculada y se licenció en Medicina en la Universidad de Oviedo. Paco Prendes lo calificó de «escritor fino, galeno atento, y droguero culto». Y como no podía faltar la alusión, dijo, «como los drogueros de antiguamente, que tenían tendencia republicana». Tras citar a varios personajes del libro, como el abuelo, el tío Pepe, Miguel Mingotes, Manolo «el camioneta», Paco Silvela, y hasta Curro Romero, el presentador hizo alusión a las gaviotas. «Un amigo con coche nuevo sufrió la poderosa defecación de una gaviota, lo llevó a limpiar y aquí no pasó nada, pero... En un periódico local y referencia a Droguería Asturianía, ha intervenido otra gaviota con una gran cagada (sic), que firma Dictinia, y que para vergüenza de las gaviotas les voy a leer». Y leyó.
«¿Qué voy a decirles yo, después de escuchar a Paco Prendes?», dijo Alfonso Peláez en su turno. Recordando su infancia y a propósito de sus reiterados catarros, trajo a colación al célebre pediatra Severino Lagunilla, que le recomendó una temporada en Valencia de Don Juan. «Allí, mi abuelo, nada más llegar prometió comprarme una bicicleta si lograba aprender el Catón. Vaya si lo aprendí y desde entonces me quedó el poso de la lectura», dijo un emocionado Alfonso Peláez. Dio las gracias a todos, a los presentes y ausentes, Juan Ramón Pérez Las Clotas, Pedro de Silva, Luis Miguel Piñera, Chema Cabezudo, Miguel Mingotes, Josefina Junco...