F. G.
Histórico abogado laboralista, destacado miembro del PCE, protagonista de la lucha clandestina contra la dictadura, precursor del despacho de abogados de la madrileña calle Atocha, José Manuel López, fallecido en agosto del pasado año a la edad de 78, tuvo una estrecha relación profesional y afectiva con Asturias. Parte de esa vinculación se relata en «Mañana a las once en la plaza de la Cebada», la autobiografía de Manolo López editada por Bomarzo que esta tarde, a las siete, se presenta en el salón de actos del Centro de Cultura Antiguo Instituto Jovellanos.
López defendió ante el Tribunal de Orden Público, el principal instrumento represivo de la última etapa del franquismo, a presos políticos y a destacados militantes de la izquierda asturiana como Santiago Carrillo, Horacio Fernández Inguanzo, José Manuel «Pin» Torre Arca, «Juanín» Muñiz Zapico o Vicente Álvarez Areces, con quien el abogado mantuvo una estrecha relación. La afinidad ideológica y personal le acercó a otros asturianos, como José Ramón Herrero Merediz.
Con el advenimiento de la democracia, y siempre vinculado a Comisiones Obreras, López participó en los pleitos más relevantes de la Federación Minerometalúrgica, derivados la mayoría de ellos de la reconversión industrial, así como en juicios penales por accidentes de trabajo.
Juan Manuel López nació en Madrid el 19 de julio de 1930. Se licenció en Derecho en 1954 y marchó a París, donde obtuvo el certificado de Sociología en la Facultad de Letras de La Sorbona. A los 28 años ingresa en el Partido Comunista de España y acude a Pekín como delegado al Congreso de la Unión Internacional de Estudiantes. A su regreso a España -corre el año 1959- es detenido y torturado en la Dirección General de Seguridad de Madrid.
Sufre consejo de guerra y es encarcelado, primero en Carabanchel y posteriormente en el penal de Palencia, donde es el único preso político entre rejas. Excarcelado en 1962, interviene como abogado laboralista en numerosos pleitos y se significa en la defensa de obreros, huelguistas y mineros asturianos ante el Tribunal de Orden Público, hasta un número de setenta.
Vuelve a la cárcel en 1971 y ese mismo año contrae matrimonio con Dolores Sacristán, «Lolita», otra histórica del PCE y miembro de su Comité Central. Ambos abandonarían el partido, desengañados de la falta de democracia interna, pero nunca renegarían de su condición de comunistas.
El pasado año, López recibió a título póstumo el Premio Abogados de Atocha, que otorga la Junta de Castilla-La Mancha.
Una biografía plena
Sacó la carrera de Derecho a la vez que ayudaba a su padre en el modesto despacho de pan que regentaba.
Era un ávido lector de Chesterton, a su juicio un autor indispensable para entender a Hegel y a Marx.
Materialista profeso en lo intelectual, era moralmente un puro idealista.