M. C.
Hasan Barghouthi es el secretario general del sindicato palestino Centro Democrático por los Derechos de los Trabajadores (DWRC son sus siglas en inglés) y Assaf Adiv es el coordinador nacional del sindicato israelí Centro de Asesoramiento de los trabajadores (WAC, que agrupa a trabajadores de nacionalidad israelí con independencia de su etnia). Ayer participaron en la jornada solidaria organizada por USO y Sotermun en Gijón. Ofrecieron dos visiones sindicales coincidentes, desde ambos lados de la frontera que marca el polvorín de oriente medio.
«La situación de los obreros israelíes y palestinos está empeorando en Israel por el auge del neoliberalismo. La idea que promueven los neoliberales es que los árabes están en contra de los israelíes, y viceversa. La realidad es que están explotando a los trabajadores de uno y otro lado», asegura Assaf Adiv, quien pone como ejemplo las privatizaciones efectuadas por el Estado, como las de transportes de mercancías por carretera: «Antes sólo trabajaban como camioneros ciudadanos israelíes, con derechos laborales y un buen salario, pero se dio entrada en el servicio a empresas privadas, que recurrieron primero a trabajadores árabes, sin derechos laborales y con salarios muy bajos. Ahora contratan a israelíes o a palestinos, pero con salarios muy inferiores a los que se cobraban antes».
Barghouthi agrega que las empresas «se están aprovechando del enfrentamiento entre israelíes y palestinos, porque provoca que una parte de los palestinos esté muy necesitada de trabajo y acepten sueldos muy pequeños».
En opinión de ambos, existen empresas a las que les interesa que se mantenga abierto el conflicto. Unas porque consiguen mano de obra muy barata. Otras por los contratos. «El muro que separa Israel de territorios palestinos fue una idea de empresas constructoras, que también se benefician de la construcción de asentamientos judíos y de que se hacen el doble de calles, unas para palestinos y otras para judíos», añade Barghouthi.
Adiv también hace referencia a los casos de «corrupción» que están salpicando a miembros del Gobierno israelí, por sus relaciones con empresas privadas. Los trabajadores están en frente, judíos e israelíes en la misma trinchera, aunque muchos de ellos no se den cuenta.