BENJAMÍN ALBA MENÉNDEZ
POR CUCA ALONSO
Empresario y dueño del Palacio Merás
El descubrimiento del personaje tiene mucho que ver con la Cocina Económica, al surgir la noticia de que el premio «Alvemaco», dotado con 3.000 euros, había recaído en esta entidad gijonesa. Tras la información era lógico que se sucedieran las preguntas. Qué es Alvemaco, quién lo representa, qué criterios sustentan las bases del galardón... Fue sencillo. Alvemaco es una empresa que sustancialmente se dedica a la venta y alquiler de grúas para la construcción; su presidente es Benjamín Alba Menéndez, un hombre que en la actualidad ha adquirido gran relevancia al arriesgarse a comprar y posteriormente rehabilitar para usos hoteleros el palacio de Merás, en Tineo.
La cita fue allí, en el magnífico patio del edificio construido en 1525, en pleno centro de la villa. Planta rectangular, dos torres, mampostería revocada, estilo renacentista... Una joya arquitectónica que desde hace cinco meses se ha convertido en un lujoso hotel dotado de todos los atractivos técnicos de ultima generación; su spa, en el que convergen cuatro piscinas, puede que sea el más completo de Asturias. A la vista de todo ello, es fácil pensar que el día, no muy lejano, en que se terminen las impresionantes obras de la nueva autopista, Tineo, merced a la iniciativa de Benjamín Alba se convertirá en uno de los puntos de mayor interés turístico de Asturias.
Generoso, buen comunicador, sencillo... Benjamín Alba, hijo único, nació en Tineo, 1946, donde cursaría sus primeros estudios. «Algunos amigos iban a la Universidad; yo no quise y mi padre me puso a trabajar». Se empleó en el taller de forja de la familia, donde principalmente se construían carros. «Tuve la suerte de hacer la mili en el Sahara, lo que me supuso 18 meses de vacaciones». Al reincorporarse al taller éste fue evolucionando hacia la fabricación de estructuras metálicas, lo que exigió nuevas instalaciones.
-¿Se estaban poniendo las bases de lo que iba a ser Alvemaco?
-En cierto modo... Hubo un momento que me fui de Tineo, al País Vasco; deseaba prosperar y allí tenía un tío que era constructor. Mi base profesional era amplia, fundada en el taller de Tineo, y comencé a coger todas las obras que venían a mis manos, incluso de mantenimiento de minas. Recorrí todo en norte de España con mis empleados.
-¿Qué le hizo volver?
-Me dieron la dirección del taller, me había casado... Mi esposa, Marta Rodríguez, montó una armería en Tineo; ésta siempre ha sido una buena tierra para la caza y la pesca. Mi padre, Valentín Alba, siguió trabajando para mí, sin sueldo, 25 años más, hasta un mes antes de su muerte. Tenía 80 años. Todo lo que soy se lo debo a él. En la búsqueda de nuevas actividades de negocio y debido a una seria crisis en la construcción, en 1987 dejamos el taller para dedicarnos al alquiler de maquinaria pesada. La tecnología moderna se iba imponiendo y a fuerza de acudir a los mercados extranjeros, en Italia encontramos una grúa automontante, que se utiliza mucho en la construcción de chalets. Fundamentalmente, Alvemaco se basa en esas grúas. Significaron una novedad que expusimos en la Feria de Muestras de Gijón.
-¿Con éxito?
-Fue nuestra gran salida, en la que nos prestó una ayuda inestimable Pedro Rendueles. A partir de ahí se abrió un mercado enorme, ya que teníamos la exclusiva para toda España, Portugal y Sudamérica. Hoy estamos pensando en establecernos en Panamá. La oferta de Alvemaco se ha diversificado y en el ámbito de la construcción tenemos de todo, incluso grúas torre, encofrados de obra y gran cantidad de maquinaria.
-Llegados a este punto, deberíamos hablar de dinero...
-Ése es un tema difícil, y aún más si nos referimos a los bancos, aunque al día de hoy ningún banco nos ha negado el crédito, por tanto somos unos privilegiados.
-Entonces hablemos de patrimonio, si le parece...
-Es sólido porque esta empresa nunca ha repartido beneficios; todo lo que generó está en sí misma, ése es nuestro patrimonio. Tenemos 110 empleados y en estos tiempos hemos podido mantener toda la plantilla, que se reparte entre la central de Pruvia, los almacenes de Posada de Llanes, Cangas de Narcea, Santander, Oviedo, La Coruña, Tineo...
-Siempre habla usted en plural, ¿a quién se refiere?
-A mis dos hijos, David y Benjamín, magníficos colaboradores, que son ya el alma de la empresa. Benjamín es un entusiasta del Sporting. Yolanda, mi hija, vive en Madrid, ha hecho la carrera de Música, especializada en flauta travesera.
-Hijos que le han permitido a usted dedicarse a la joya de la corona, el Palacio de Merás...
-No es la joya, sino la hipoteca. El palacio estaba en venta e iba a comprarlo el Ayuntamiento de Tineo, pero no lograron llegar a un acuerdo con los propietarios. Por otra parte nosotros necesitábamos un espacio para nuestra colección de antigüedades...
-¿Qué colección es ésa?
-La creó mi padre. A su taller, de vez en cuando llegaban cosas y él se iba quedando con algunas piezas, sólo por gusto. Poco a poco se fue aficionando hasta llegar a ser un gran experto. Consiguió reunir una colección importante, de unas 1.200 unidades muy diversas, algunas de gran valor, únicas. Hay relojes, armas, instrumentos musicales... Mi padre se murió con la historia de cada pieza; era su pasión.
-Bien, ¿fue fácil la negociación de compra del palacio?
-La propiedad se la repartían dos familias, los Pompeyo, con unos 50 herederos, aunque sólo tuvieron que firmar 14, y los Arganza. Ninguno era descendiente de los Merás, ya que estos habían vendido el palacio en 1895. El acuerdo resultó sencillo porque pagamos lo que nos pedían. En un principio pensamos en habilitarlo para vivienda de la familia, con el anexo del museo, pero el proyecto era desproporcionado y pretencioso. Fue cuando surgió la idea de hacer el hotel. Tineo languidecía y era necesario darle un empujón.
-¿Cómo se enfrentó la obra?
-Uno de los antiguos propietarios, Nicolás de Arganza, es arquitecto; había nacido y vivido en el palacio, y hoy reside en Oviedo. Los trabajos duraron dos años. Hoy, el palacio de Merás ofrece un servicio de cinco estrellas, con asignación de cuatro, y precios de tres. Queremos que sea accesible al gran público, y nos hemos empleado a fondo en la oferta gastronómica.
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«Mi padre consiguió reunir una importante colección de unas 1.200 antigüedades, algunas de gran valor»
«El hotel no es la joya de nuestra corona, sino la hipoteca; pero Tineo languidecía y era bueno darle un empujón»