J. M. CEINOS
Dentro del proyecto municipal de remodelación de la avenida de Castilla, que lleva pareja la construcción de un aparcamiento subterráneo, el puente sobre el Piles también será reformado para dar más protagonismo a los peatones y ciclistas. La previsión es que el próximo verano puedan estar terminados los trabajos sobre el puente, cordón umbilical de hormigón entre Gijón y su parroquia rural de Somió desde 1914.
Con el alumbramiento del siglo XX, los gijoneses comenzaron a mirar hacia el Este de la gran playa de San Lorenzo, tierras entonces muy lejanas del centro de la villa. En 1899 se había celebrado la Exposición Regional, en el recinto de los Campos Elíseos, al final de la calle de Uría, entonces extrarradio de la villa, mientras que el territorio más hacia el Oriente era una gran marisma atravesada por el camino carretero hacia Villaviciosa, que cruzaba el Piles por el puente de La Guía.
De la expansión hacia el Este, con el proyecto de llevar el Muro hasta al Piles, surgió la necesidad de pasar a Somió con los pies secos, dando continuidad al futuro paseo marítimo y como acicate para desarrollar el territorio de la ribera derecha del río.
Se proyectó la construcción de una pasarela, anclada sobre pilotes de madera en el gran arenal por el que entonces llegaban a la mar las aguas del Piles. Su inauguración, el 7 de agosto (miércoles) de 1901, fue todo un acontecimiento en el Gijón de la época, como se puede leer en las páginas del diario «El Noroeste» del jueves, 8 de agosto.
Bajo el titulillo: «En el Piles», un redactor del periódico republicano contaba: «Todo Gijón, incluidos los forasteros, acudió ayer tarde a la inauguración de la Pasarela (la escribe con mayúscula) que los señores Rionda y Junquera han colocado sobre el Piles, al final de la playa».
A través de la crónica de la inauguración se puede hacer el lector de 2009 una idea de cómo era la parte oriental de la concha de San Lorenzo: «Desemboca el puente en amplio solar, en cuya entrada hay dos elevados miradores, en el centro un cómodo paseo y a la derecha de éste varios comedores con techo, cerrados por verjas de madera».
Toda la zona de la desembocadura del Piles hasta la carretera de Villaviciosa y La Guía era una gran marisma, con el Piles serpenteando entre cañaverales y charcas hasta el arenal. En la ribera izquierda, el barrio de La Arena aún era un proyecto de ensanche urbanístico, mientras que los terrenos donde en los años cuarenta se empezó a construir el parque de Isabel la Católica, prácticamente una gran charca a merced de las pleamares y las bajamares del Cantábrico.
Pero sigamos con la crónica de «El Noroeste» de hace 108 años: «No puede ser más delicioso el sitio, desde el cual se divisa toda la playa y una gran zona de mar», escribía el periodista.
No duró mucho el entonces llamado «Puente de la Pasarela sobre el Piles». El Ayuntamiento aprovechó que un gijonés, Rufo García Rendueles, había llegado a la Subdirección General de Obras Públicas, para poner sobre la mesa la necesidad de construir otra carretera hasta El Infanzón, atravesando el corazón de Somió. El inicio sería en un gran puente sobre el Piles que sustituyera a la pasarela, habilitada solamente para el paso de peatones. Naturalmente, el Ayuntamiento insistió para que las obras corrieran a cuenta del Estado, como así fue. En agradecimiento, el Consistorio decidió dar el nombre de Rufo García Rendueles a la gran avenida proyectada en paralelo al paseo del Muro hasta el Piles.
De las obras apuntadas dio buena cuenta una publicación que guarda en su archivo Juan Martín Merino, «Juanele», titulada «Gijón veraniego 1914», donde se puede leer: «El nuevo muro de San Lorenzo, con su avenida de Rufo Rendueles y otras en proyecto, el puente del Piles, de reciente construcción, la carretera que une la playa con Somió, serpenteando por la campiña, la lejanía de "chalets", el horizonte amplio y claro, el camino que bordea los acantilados hasta la Providencia, todo ello forma un conjunto magistral, que atrae poderosamente, con la nota de intensa poesía que da el oleaje suave y acariciador cuando viene a deshacerse a la orilla en encaje de espumas...».
Cuenta Juanele que en días de mucha bajamar se pueden ver, en el lecho del Piles, los restos de uno de los pilotes de la pasarela de 1901 (derribada en 1914), con la que los gijoneses pudieron ir a Somió con los pies secos.