Teté F. BALSEIRO
En apenas cuatro meses la Bruno Salvadori Liones Fundación ha conseguido reunir en Gijón a la cantante Encarna Salazar, a médicos y juristas de prestigio nacional e internacional, a la baronesa Thyssen, una de las mayores fortunas de Europa, y a más de cuatrocientas personas en el desfile de ayer noche, protagonizado por mujeres que han padecido cáncer de mama.
El acto celebrado en el hotel Abba Playa no sólo se vistió de solidaridad, sino que propició un canto a la vida y un ejemplo a seguir para muchas mujeres que han padecido esta grave dolencia. El acto, que presentó la periodista Arancha Fernández, contó con la presencia del presidente de la Fundación Leones de Gijón, Luis Fernández, y de miembros de su junta, arropados por el equipo de cirujanos de la unidad de mama del Hospital de Cabueñes, entre los que se encantaban Carmen Morillón y Salvador Artime. Con su tesón y entrega, estos médicos no sólo han conseguido la recuperación física de las pacientes, sino que les han dado alas para mostrarse ante los demás guapas, sexys y elegantes. Como modelos de pasarela.
Numerosos establecimientos de la ciudad, algunos especializados en lencería para mastectomizadas, y el equipo de peluquería del estilista Delfín Blanco además del DJ Buda, el músico Dani García de Cuesta y los bailarines Laura García y Alfonso Aguado hicieron posible que el desfile resultara de lo más ameno.
Las modelos ocasionales desfilaron por la pasarela mostrando la moda más «chic» de un otoño-invierno que se anuncia frío. Cazadoras con cuello de piel, anoraks de llamativos colores, los eternos vaqueros y los «leggins», junto a prendas habituales de cualquier fondo de armario, fueron algunas de las propuestas que se lucieron ayer.
Los mayores aplausos se escucharon, sin embargo, en el pase de baño y lencería. Mostrarse como son fue lo que animó a estas mujeres valientes a asomarse desde la pasarela y mostrar que la terrible enfermedad puede dejar huellas físicas pero no psíquicas. Esta fue la principal lección que los asistentes se llevaron de la noche de ayer, junto con una muestra del impresionante trabajo que realizan las voluntarias de la «Casa de la Vida»: un lugar de encuentro, charla y curación. Muchos fueron testigos.