FRANCISCO GARCÍA
Dicen que cuando muere un niño una estrella se incorpora al firmamento. Escaso consuelo para una familia rota a quien la fatalidad ha apuñalado por la espalda, con alevosa nocturnidad. Nunca acertaremos a vislumbrar por qué la vida puede llegar a ser tan breve, cómo puede escribirse un relato tan corto. No existe injusticia mayor que ver doblar, inertes, las alas de un pajarillo. Si buscarle coherencia a la pérdida de un ser querido es tarea baldía, aún peor y doloroso resulta comprender muertes tan prematuras. Son apenas mil días de felicidad frente a la negra oscuridad que se avecina. ¿Cómo enfrentar ya toda la existencia sin tu pequeño? Con un hijo se van sueños y esperanzas de futuro. Aquello que pretendiste para él, lo que preveías emprender se diluye entre sombras y nunca parece que vayas a despertar de tan mal sueño de escozor amargo. Seguramente te queda hoy, Alejandra, un frío helador en los adentros. Sé fuerte: el sufrimiento dura un largo trecho pero el amor perdura siempre.