R. GARCÍA
«Recién caído, el prubín no dejaba de moverse, quería levantarse. Yo le sujetaba para que no se moviera ni se hiciera daño. Sólo estaba jugando y cayó al vacío». El que habla es un vecino de la calle Saavedra que en la tarde del pasado martes acudió al rescate de un pequeño de dos años y nueve meses que se precipitó desde la ventana de su habitación, en un quinto piso. Había acercado un cajón a la ventana para asomarse y se cayó. «Fue un desgraciado accidente», asegura el vecino del tercero que acudió en su auxilio.
El niño fue trasladado al Hospital Universitario Central de Asturias, en donde permanece aún ingresado en la uci de Pediatría. Fuentes médicas aseguran que su evolución es favorable. Aunque el pronóstico es grave, el pequeño se mantiene estable y no se teme por su vida. Presenta un traumatismo craneoencefálico y otro torácico.
El suceso que pudo acabar en tragedia ocurrió sobre las cinco y media de la tarde en el bloque de pisos situado a la altura del número 26 de la calle Saavedra. El vecino que salvó al niño salía en ese preciso instante de la vivienda que habita. «Me dirigía al hospital, iba a ver a un compañero enfermo cuando de repente me sobresaltó un ruido muy fuerte y me asomé al patio a ver qué había pasado». Entonces se encontró con que el hijo de los vecinos del quinto piso yacía, rodeado de sangre, en el patio de luces de la comunidad. Sin dudarlo un momento, salió de su casa y se dirigió al primer piso, en donde vive su hijo que actualmente se encuentra de vacaciones. Desde la vivienda de su hijo accedió al patio. «Lo primero que hice fue tocarle el pecho para impedirle que se moviera».
El pequeño estaba consciente. No paraba de llorar y miraba hacia la ventana desde la que había caído. «Prubín, le tuve que poner las manos en los pies porque estaba helado. Se encontraba consciente. Dentro de la gravedad parecía un milagro, ya que cayó desde mucha altura, desde unos diez metros, y apenas se hizo nada. Yo creo que rebotó en todos los tendederos y eso amortiguó el golpe».
La mujer de este vecino que atendió al niño avisó a los efectivos de emergencias del 112 y a los funcionarios del Cuerpo Nacional de Policía. También dio parte del suceso a los padres del accidentado, que estaban viendo la televisión con su hermano mayor y no se habían percatado del suceso. Tan sólo se habían despistado dos minutos mientras su pequeño iba a la habitación cuando la vecina les avisó de que el niño se había caído desde la ventana. Los médicos administraron al menor un relajante muscular y lo estabilizaron antes de trasladarlo en ambulancia al Hospital Universitario Central de Asturias, donde sigue ingresado.
No es la primera vez que este vecino de Gijón se ve en una situación parecida. Hace apenas unos meses fue el primero en auxiliar a un viandante que se cayó cerca de su casa. «Es la sexta vez que me pasa», relata este ángel de la guarda.
Este suceso hizo recordar otro similar acaecido hace dos meses en el barrio ovetense de San Lázaro. El pequeño Fernando, de tan solo 13 meses, se precipitó al vacío desde la ventana de un tercer piso. Los efectivos de emergencias médicas le trasladaron al Hospital Universitario Central, pero los facultativos no pudieron hacer nada por salvar su vida. El bebé falleció dos días más tarde, después de llevar once horas sin ninguna actividad cerebral y conectado a un respirador.