Eloy MÉNDEZ
Sospechan desde hace tiempo y ya no pueden más. Por eso varios vecinos de la parroquia de Veriña han puesto en conocimiento de la Guardia Civil el «constante tráfico de drogas» que se lleva a cabo en el interior de una vivienda situada junto a un camino secundario de la parroquia que sirve de acceso alternativo a la Campa Torres. Según aseguran los denunciantes, que prefieren mantener el anonimato, los habitantes del inmueble se dedican «al menudeo» de diferentes sustancias tóxicas, lo que ha arrastrado hasta la zona a numerosos consumidores. Esto ha supuesto un notable incremento del tránsito de vehículos que, en muchas ocasiones, circulan sin respetar los límites de velocidad y «ponen en peligro a los peatones».
Según los denunciantes, hasta la vivienda, próxima al camino de la Fuente del Cañu, se acercan diariamente numerosos clientes que se desplazan en coche. «No respetan ninguna norma de circulación por unos caminos que son estrechos y por los que no se puede andar a lo loco», afirma una de las demandantes que, en varias ocasiones, «me he tenido que tirar a la cuneta para que pudiera pasar alguno de estos descerebrados». Pero la principal preocupación de los vecinos de Veriña de Abajo es la venta de droga que se produce en la casa y en unas naves aledañas. «Está claro que hay algo sucio, todo el mundo lo sabe y, por eso, pedimos que se acabe con esta situación cuanto antes», dice otro de los afectados, que asegura haber puesto los hechos en conocimiento de la Guardia Civil hace «unos días».
La mayoría de los vehículos que llegan hasta el lugar donde supuestamente se trafica con sustancias ilegales lo hacen desde la carretera AS-19, que une Gijón con Avilés. Desde allí, toman un desvío cercano al cruce de Puente Seco en dirección a la Campa Torres. «Son caminos poco transitados, destinados prácticamente a uso vecinal, pero ahora esto parece una autopista», señala un tercer vecino. Otros lo hacen desde Jove, tras abandonar la vía principal que comunica esta parroquia con el Parque Arqueológico de la Campa. «Aquí parece que hay un supermercado abierto las 24 horas del día», apunta el mismo testimonio.
Sin embargo, lo peor llega a última hora de la tarde, cuando tanto compradores como vendedores buscan seguridad en la oscuridad. «Muchas veces no podemos dormir porque los perros no paran de ladrar y los coches van y vienen a mucha velocidad», relata una mujer que vive en un lugar próximo al epicentro de «estos trapicheos». «Aquí está claro que tiene que haber algo gordo, porque el trajín es constante», manifiesta.
Ésta no es la primera vez que los vecinos de Veriña se enfrentan a una situación similar. Hace unos años, las denuncias que varios habitantes de la parroquia pusieron ante la Guardia Civil dieron como resultado el desmantelamiento de un «campamento» utilizado por varios «camellos» como centro de operaciones. Los agentes de la Benemérita detuvieron por entonces a varios narcotraficantes a pequeña escala y cerraron sus viviendas, utilizadas como almacén del material que ponían a la venta.