FRANCISCO GARCÍA
Nubes de tormenta se ciernen sobre los proyectos de ciclo combinado. Así lo anuncian sin mayor reparo las compañías eléctricas, lo cual no es buena noticia para los planes de futuro de la Autoridad Portuaria gijonesa. Convertir El Musel en un gran puerto energético pasa, inevitablemente, por dos caminos: gas y renovables. Y para completar el puzle de la competitividad y la eficiencia: graneles líquidos y contenedores. Ocurre que la propuesta de expansión de El Musel del siglo XXI coincide con un pésimo momento económico, con una disminución de los ingresos que coincide con el incremento del gasto para amortizar los sobrecostes. El puerto se resiente cuando la economía renquea y se tambalea cuando la recesión se agudiza. Si la economía va mal, las empresas y el puerto sufren el ahogo. Si no se vende acero, ni se fabrican coches, se consume menos cemento y cae el consumo de las familias, la lógica llama a la contracción, no a la aventura expansiva.