M. CASTRO
Asturias aún tardará años en subirse al carro de la producción de energía eólica en alta mar. En los mares del norte de Europa, poco profundos, se están instalando grandes molinos de viento. Los primeros que se hagan en España estarán frente a las costas de Cádiz, Huelva, Castellón y Delta del Ebro. Sin embargo, los avances que se esperan para las próximas décadas en las tecnologías que se aplican a esta industria incipiente, acabarán poniendo a Asturias a la cabeza de España de este tipo de energía, cuando se desarrollen aerogeneradores flotantes o que puedan ser cimentados económicamente a más de 40 metros de profundidad.
Al menos eso es lo que prevén los cálculos efectuados por el Centro Nacional de Energías Renovables (Cner) o por Greenpeace en base a un estudio de la consultora Garrad Hassan sobre el potencial de la energía eólica marina.
El análisis de la organización ecologista pone a Asturias a la cabeza de las provincias españolas en producción eólica marina rentable en 2020, con 6,15 gigavatios instalados (entre 800 y 1.300 molinos gigantescos con una capacidad de generación equivalente a la de siete centrales de gas como la prevista para la explanada de Aboño). Para 2050 el Centro Nacional de Energías Renovables estima que en los mares asturianos podrán tener instalados 13,09 gigavatios eólicos en condiciones rentables, sólo superados por los instalados en Castellón.
A medio plazo, el único aerogenerador que se verá frente a las costas asturianas será el del laboratorio eólico marino del cluster asturiano de la energía, medio ambiente y cambio climático, liderado por la Universidad de Oviedo. Será poner una pica en el Cantábrico en un terreno en el que alemanes, británicos y daneses nos llevan la delantera.
¿Cuál es la importancia real de este proyecto? Para las empresas asturianas que participan, como Idesa, TSK, Duro Felguera, Sem, Intermark, Windar Renovables o Isastur supone abrir la puerta a un negocio que en las dos próximas décadas va a mover decenas de billones de euros sólo en Europa. Las tecnologías de anclaje para aguas profundas que se desarrollen aquí abren una gran oportunidad para la exportación, debido a que las costas de Estados Unidos, China, Francia, Italia o Japón tienen el mismo problema de la profundidad.
Para los socios tecnológicos, como Acciona, el proyecto supondrá disponer por fin de un laboratorio donde testar sus nuevos diseños. Algo que hoy por hoy no hay aún en España, si bien el Centro Tecnológico Avanzado de Energías Renovables negocia con la Junta de Andalucía instalar uno en sus costas.
El pistoletazo de salida para la creación de estos laboratorios se dio en abril, cuando el Ministerio de Medio Ambiente aprobó el Estudio Estratégico del Litoral Español, que delimita las zonas en las que se pueden instalar aerogeneradores.
El laboratorio asturiano «aún está a nivel de idea; lo primero será diseñar su localización concreta», explicó el director general de energía del Principado, Isaac Pola. Lo que parece claro es que estará en relativamente cerca de Gijón, dado que los equipos se trasladarán desde el puerto de El Musel. Pola considera que «las energías marinas, la del viento y la de las olas, son el futuro de las energías renovables».
Un futuro hacia el que la industria nacional viaja en el vagón de cola, a pesar de que en aerogeneradores terrestres las empresas españolas son líderes. El problema es que la tecnología eólica terrestre no es trasladable directamente al mar, un ambiente más hostil, y faltan laboratorios para validar y testar los diseños. Y ahí puede jugar un papel clave el proyecto del cluster asturiano de la energía.
Otra desventaja es la falta de personal cualificado. Alemania, con formación y laboratorios de experimentación, cuenta con los tres únicos fabricantes mundiales de máquinas de 5 megavatios, las mayores del mundo en la actualidad.
¿Está perdida la carrera? Expertos del sector eléctrico consideran que no necesariamente, dado que «al igual que pasó con los aerogeneradores terrestres, puede haber cambios importantes entre los molinos de primera y tercera generación». Otra cosa es que se promueva su instalación frente a las costas españolas, algo que las grandes empresas del sector se están «tomando con calma». El motivo es que en España «hay 17.000 megavatios instalados en tierra y otros 50.000 solicitados y pendientes de instalar de manera más sencilla y con una tecnología conocida, por lo que no se da prioridad a la eólica marina», añaden.
De momento, se investiga. Acciona Energía lidera desde 2007 el proyecto «Cenit Eolia» que desarrolla tecnologías eólicas para aguas profundas y la integración en estos campos eólicos de desaladoras y piscifactorías, aprovechando el amplio espacio que deben dejar entre sí los aerogeneradores marítimos (para evitar que interfieran entre sí las turbulencias que crean las aspas). Alimentos y agua, además de energía limpia, serán las producciones de los grandes parques eólicos del futuro en alta mar. Hace años podría parecer ciencia ficción. Hoy es una realidad cercana. En Dinamarca ya se proyectan parques que combinan la generación eólica con la acuicultura.
Además, la Comisión Europea anima a la industria a que investigue la integración de los aerogeneradores con sistemas para extraer energía del oleaje o de las mareas. En Asturias se investiga en ambos campos, pero por separado; por un lado el laboratorio eólico citado y por otro la empresa Asturfeito, en consorcio con Hidroflot, están desarrollando un artefacto para generar energía con las olas.
En el «Proyecto Eolia» también participa Construcciones Navales del Norte (CNN), el antiguo astillero de Izar en Sestao que se privatizó a la vez que Factorías Juliana. Hoy apenas existen media docena de barcos en el mundo para la instalación de aerogeneradores en alta mar. Una oportunidad para los astilleros.
Los puertos jugarán un papel importante. En la actualidad, las empresas que fabrican componentes para los aerogeneradores terrestres ya buscan su cercanía, como es el caso de industria creada junto al puerto de Avilés en torno a la fabricación de los fustes (las torres) de los aerogeneradores. Los marinos, de tamaño sensiblemente mayor, tendrán mayores necesidades. El Musel podría ganar así nuevos clientes. Las palas vendrán de más lejos, divididas en dos dado que su tamaño, hasta 80 metros, impediría el transporte por carretera.
Viento
En el mar el viento sopla a mayor velocidad y es más constante, por lo que los molinos funcionan más tiempo (40% frente al 25% en tierra). El viento tiene menos turbulencias, lo que alarga la vida de los rotores.
Espacio y lejanía
El mar ofrece espacios enormes para la instalación, con nulo o reducido impacto visual. Al estar lejos de lugares habitados se permiten molinos más ruidosos, lo que se traduce diseños más ligeros y grandes.
Evacuación
La evacuación de la energía producida es más compleja que en tierra. Es precisa una elevada inversión para crear nuevas redes eléctricas que conecten alta mar con tierra.
Instalación y mantenimiento
Los costes de cimentación o anclaje al fondo marino encarecen notablemente estas instalaciones. Las limitaciones de acceso lo encarecen.
Separación
Las turbulencias que provocan las propias turbinas en el mar obligan dejar mucho espacio entre ellas, lo que encarece.