MARTA LORENTE-SOROLLA DE MIGUEL
POR CUCA ALONSO
Economista, bisnieta de Joaquín Sorolla
«¿Sabes que una bisnieta de Joaquín Sorolla vive en Gijón?», comentó una amiga. No tenía idea pero la noticia me pareció genial. Fue sencillo concertar una cita con Marta Lorente-Sorolla de Miguel. Me encontré con una chica muy agradable, algo retraída en el inicio de nuestra charla, aunque poco a poco fue mostrando un carácter dulce, incluso afectuoso. Muy bien educada, guapa, vestida con sencillez... Sin duda, en el transcurso de la charla, donde más cómoda se encontró fue en las referencias a su bisabuelo.
Marta Lorente-Sorolla nació en Madrid, en el año 1967, y es la menor de siete hermanos. Hizo sus primeros estudios en el colegio de la Ursulinas, y posteriormente se licenció en Ciencias Económicas en la Universidad Complutense. Conseguiría su primer trabajo en Mompresa, firma filial de Duro Felguera.
-En cierto modo se iba acercando usted a Asturias...
-Sí, son las vueltas y sorpresas que da la vida, en este caso para bien. Ya conocía Gijón porque una de mis cuatro hermanas tenía novio aquí y veníamos las dos a casa de la abuela de Nacho, que es hoy mi cuñado. Yo sólo tenía 20 años pero Gijón me gustó mucho, sobre todo su ambiente tan alegre y tan especial.
-¿Duró mucho su trabajo en Mompresa?
-Un año, porque la empresa cerró. Me incorporé a la Caja de Ahorros de La Inmaculada, de Aragón, que tenía una única oficina en Madrid. Luego pasé a Tourline Expres, una mensajería que funciona también en Gijón, y a los tres años me contrataron en una compañía informática, Sinasa. Este trabajo lo dejé para casarme con un gijonés, Jorge Telenti.
-El nombre de su bisabuelo ha cobrado gran actualidad en los últimos meses...
-Sí, la exposición celebrada en Madrid fue algo sensacional, un gran acontecimiento que ha mostrado al mundo, en 102 obras, el extraordinario talento de mi bisabuelo. La afluencia de público fue tan enorme que fue preciso prorrogar la exposición durante una semana más.
-¿Sus padres conservan alguna pieza de su predecesor?
-Sí, varias. Una de ellas estuvo en la exposición del Prado, y ver el cuadro de mi casa colgado allí fue emocionante; era una marina de las primeras que pintó, representa el cabo de San Roque, en Javea, al atardecer, y en ella predominan los tonos anaranjados. Yo poseo algunos dibujos.
-¿Cómo es su ascendiente respecto a Joaquín Sorolla?
-Tuvo tres hijos, María, Joaquín y Helena, mi abuela, que se casó con Victoriano Lorente; a su vez padres de siete hijos. En la actualidad viven cinco, y mi padre es el mayor, cuenta con 86 años estupendos. Al llegarles el apellido Sorolla por línea materna no quisieron perderlo y lo unieron al Lorente.
-¿En toda su descendencia, nadie ha seguido el camino del arte?
-Tengo primos que pintan, y lo hacen bien, pero llegar a la altura de mi bisabuelo, a su genialidad, es muy difícil. Mi abuela, Helena, era escultora, pero lo dejó al casarse, pese a que había conseguido gran reconocimiento; en aquella época era así, las mujeres, por lo general, abandonaban todo al contraer matrimonio. Aunque ella no renunció del todo a su afición artística, ya que hizo la cabeza de cada uno de sus hijos; en casa está la de mi padre, y una gitana de madera, preciosa.
-¿Cuándo rompió Sorolla el vinculo con Valencia?
-En realidad no lo hizo nunca, pero se fue vivir a Madrid en 1889, a la calle General Martínez Campos, en donde hoy está el Museo Sorolla. Mi padre nació en esa casa, y el abuelo fue el padrino, aunque se moriría ese mismo año, 1923.
-¿Pudo pintar hasta última hora?
-No, tres años antes había sufrido una hemiplejia en el jardín de su casa, mientras estaba pintando el retrato de la señora de Pérez de Ayala. Entre sus últimas obras están los paneles de la Hispanic Society of America, 14 murales que abarcan 3'5 por 70 metros, y que representan una visión de España. Los pintó en 1911 por encargo de esta sociedad y ahora, merced a la exposición del Museo de Prado, la gente ha podido admirarlos ya que es la primera vez que venían a España. Son extraordinarios.
-¿Existe una relación exacta de todas sus obras, o hay alguna perdida?
-Creo que están todas localizadas, y volviendo a la exposición de Madrid, lo estupendo es que salieron a la luz muchos cuadros que estaban en colecciones particulares, la mayoría muy interesantes. Joaquín Sorolla pintó mucho y al tener la suerte de triunfar casi desde el principio, pudo vivir muy bien de su trabajo.
-¿Qué memoria guardan sus descendientes de él?
-Era un hombre entrañable, extraordinariamente familiar. Él había quedado huérfano a los 2 años, y en consecuencia ansiaba tener su propia familia. Era muy cariñoso, como demuestran sus cartas. Tuvo que viajar con frecuencia y las misivas que enviaba a su esposa reflejan un amor definitivo.
-¿Las conservan?
-Están en el Museo e incluso de se han hecho libros que las recopilan.
-¿Han tenido ustedes noticia de las últimas transacciones, si es que se han producido?
-Uno de mis hermanos, Eduardo, sigue con gran interés cualquier novedad que se produce en torno a la obra de nuestro bisabuelo, y sabe, por ejemplo, que la última venta se realizó en la sala Sotheby's de Londres, en 2003. Era un cuadro titulado "la hora del baño", y se remató en 5'3 millones de euros.
-Y entre tantos retratos de familia...
-Hay uno precioso de mi abuela Helena en casa de mis padres. Está sentada en un sillón de tonos dorados y muestra a una mujer muy guapa. Era un gran retratista.
-Dígame, ¿usted, cómo siente le arte?
-Me gusta el clásico, y me interesa menos el abstracto.
-Respecto a Gijón, ¿se ha integrado en la ciudad por completo?
-Sí, y espero que sea para siempre. Vivo aquí muy feliz y mis padres vienen a menudo y les gusta mucho Gijón. Al principio, mi madre, Pilar de Miguel, llevó mal que me fuera de Madrid, pero ahora está encantada. De soltera venía mucho a Gijón, tenía aquí varias amigas, como Fefa Valdés, y Mati Ayesta. Nosotros, hasta qué punto somos ya gijoneses que tengo un sobrino, hijo de mi hermana Pilar, que ha fichado por el Sporting B. Se llama Lorente, tiene 22 años y juega de lateral derecho. Aparte, mi marido es un sportinguista de toda la vida, así que yo, aunque no entiendo mucho de fútbol, también lo soy.
-¿Qué es lo que más le gusta de esta ciudad?
-El verde de sus alrededores, el mar... Nunca fui admiradora del mar, pero ahora he descubierto lo mucho que me gusta. Ver el mar en invierno, con la playa solitaria y poder pasearla abrigadita... Y lo cerca que está todo... Es una gozada poder ir a todas partes caminando. La gastronomía... Una de las cosas que me sorprendieron al llegar aquí fue lo mucho que se habla de comidas; en Madrid no ocurre, quizá es que se sale menos. Me encantan los mariscos, los pescados, la ventresca de bonito...
-¿Contempla en estos momentos la posibilidad de volver a trabajar?
-Sí, pienso que me gustaría, pero temo que éste no es el mejor momento.
La última venta de un cuadro de mi bisabuelo se realizó en Sotheby's y se remató en 5,3 millones de euros
Hasta qué punto somos ya gijoneses que uno de mis sobrinos, Lorente, juega en el Sporting B de lateral