María IGLESIAS
En ocasiones no hace falta acercarse a una gran multinacional para encontrar una buena idea. Beatriz Fernández Iglesias encontró la suya mientras planchaba. Esta joven gijonesa decidió luchar contra la crisis con una plancha. Con su marido Miguel Ángel, albañil de profesión en el paro y ella sin trabajo (tuvo que abandonar su empleo como planchadora en una tintorería para hacerse cargo de sus hijos de 12 y 4 años), aprovechó una de sus mejores habilidades, el planchado, para ganarse la vida.
«Tenía que buscar un trabajo que fuera compatible con mi vida familiar; todos los que encontraba tenían horarios muy malos, así que decidí montar una empresa de planchado por cuenta propia», explica. Sin moverse de casa, Beatriz plancha la ropa de todos aquellos que «o bien no les gusta, o que no tienen tiempo para hacerlo».
Con su experiencia como planchadora -«me enseñó una mujer que llevaba años haciéndolo»- la joven no tiene problema para devolver la ropa en 24 horas. «Mi marido la va a recoger a cualquier domicilio, yo la plancho y después él la devuelve a las casas».
En apenas una semana de publicidad (han colgado los teléfonos del servicio por la zona centro y barrios de Gijón), ya ha recibido más de quince llamadas y ha efectuado dos servicios. «Uno era un hombre soltero que no tenía tiempo para planchar y la otra una mujer mayor que no podía hacerlo», dice. Además, los precios «son más económicos que en una tintorería».
«Cobro 85 céntimos por prenda y plancho cualquier tipo de ropa, ya sean trajes, camisas, o faldas; sólo subiría el precio en el caso de que fuera una prenda de una tela especial que precisara de vaporación, o cualquier otro tipo de cuidado», aclara. La joven también dispone de bonos, con precios especiales, para aquellos que necesiten planchar una mayor cantidad de ropa: «Hay bonos de 10, 20, 30 ó 50; por ejemplo, con un bono de 20 euros el cliente dispone de 36 prendas y con uno de 30 euros, de 58», añade. Con sólo una llamada, muchos pueden olvidarse de un planchado, que a Beatriz le «relaja».