María IGLESIAS
«No se trata de respetarla o conocerla, sino de ser amigo de la sombra, de entender lo que ella nos enseña». A través del juego de los conocimientos sensoriales, la compañía «Teatro de los sentidos» ha creado un espectáculo «para perderse y encontrarse»: «El eco de la sombra», que se representa mañana, y hasta el próximo 1 de noviembre, en el pabellón de Asturias de la Feria de Muestras.
«Detrás de cada sombra hay mil historias», afirma el creador del espectáculo y director de la compañía, Enrique Vargas. «Tantas como personas porque todos tenemos nuestra propia sombra, esa parte oculta que desconocemos de nosotros mismos», añade. Un motivo que le llevó a dar a luz a «El eco de la sombra», inspirado en uno de los cuentos de Hans Andersen.
La intención de la obra es «volver lúdico un miedo». «Nos damos muchos palos, somos muy duros con nosotros, y debemos querernos más, por eso es bueno entender lo que la sombra nos enseña», dice Vargas. Con «muy pocas palabras y mucho juego» se desarrolla una historia, de una hora de duración, que el espectador «vive de manera individual».
«A veces es bueno perderse para poder encontrarse», cuenta el director de «El eco de la sombra». Así, la obra es un viaje por «un código dramático de olores, tacto e imágenes visuales; por todo el inventario sensorial», apunta. Durante el espectáculo, cada individuo pierde su propia sombra, «aquello a lo que podemos tener más vergüenza de nosotros», para encontrarla al final del recorrido y «hallar la sabiduría».
En uno de los momentos, el espectador ve cómo su sombra se encuentra en un puerto, al borde del embarcadero, representando todo «lo onírico e inconsciente del yo», aclara Vargas.
El propio ritmo, en «forma de juego», de «El eco de la sombra» lleva a «un reencuentro con el yo ampliado y en un sentido lúdico», tal y como explica el director creativo de «Teatro de los sentidos», quien desvela que «siempre se mantiene un toque de misterio». «Hasta el final», añade.
La compañía teatral, que ya ha recibido numerosos premios por esta puesta en escena, mantiene en la dramaturgia «la curiosidad y el deseo de jugar». Después de dos años de investigación «minuciosa», han creado una historia que «se vive a través de los silencios que toda buena historia contiene», dice Vargas.
A medida que el cuento avanza y se aproxima el fin, «la sombra querrá que el viajero la alcance y el propio viajero querrá alcanzarla». «En un sentido psicoanalítico, ella es lo que no quieres ver de ti», dice el responsable de su creación porque «siendo uno el mismo, el viajero y su sombra, en realidad son dos». Después de un intenso recorrido por «los laberintos del viaje», cada uno recupera su sombra, «ya sabes que si no el público quiere que le devuelvas el dinero», bromea Enrique Vargas. Al final, «esperas que todo haya sido un sueño».