FRANCISCO GARCÍA
Que los munícipes anuncien a bombo y platillo la congelación de sus sueldos me deja más frío que el compartimento del pescado de un frigorífico Zanussi. No parece medida solidaria, en épocas de crisis y de vacas paupérrimas, que la nómina de los políticos se mantenga en idénticos dividendos de cuando soplaba el viento de cara. Si de veras pretenden dar ejemplo, que cobren menos y dediquen los euros de la mengua de su soldada a las partidas sociales del presupuesto. Lo cierto es que no hay políticos caros ni baratos, sino buenos y malos gestores de la cosa pública. Se da el caso de alcaldes que cobran cuatro duros y no los merecen; y otros que le salen al erario público por un ojo de la cara pero que devuelven, multiplicado en inversión pública. El mejor político es el más rentable. Lo malo es cuando un consejero delegado de Repsol gana el triple que el presidente del Gobierno. En ese caso, el que vale se va a trabajar a Repsol y el que no acaba atrincherándose en la esfera pública. Y así nos va.