A. RUBIERA
Un alumno de 4 años del Colegio Ramón de Campoamor podrá volver hoy al comedor escolar. Pese a contar con una beca municipal y a la necesidad de sus padres -emigrantes peruanos- de disponer de dicho servicio para no ver limitadas sus posibilidades laborales, el niño fue apartado este mes del comedor por motivos de salud y durante 15 días ha estado pendiente de la lucha por sus derechos que, finalmente, decidió encabezar la Asociación de Padres de Alumnos del centro.
La historia alimenticia de este alumno se comenzó a complicar hace casi un mes. El pequeño sufría problemas de salud atribuibles a su dieta y hubo que sacarle del comedor escolar hasta que finalmente se descubrió el origen de su mal: una intolerancia a la lactosa y al huevo. Con el diagnóstico conseguido, sin embargo, no llegó su reingreso a las mesas escolares, pese contar con la correspondiente beca y a los problemas de su familia para ir a buscarle al mediodía al colegio. «Entre la empresa que tiene la concesión de los comedores escolares y el Ayuntamiento han mareado a esta familia que, además, como son peruanos, no tienen los mismos recursos que otros padres de Gijón para salir de este apuro. Ellos no tienen aquí abuelos o parientes que puedan ayudarles con el cuidado de los niños, y para ellos el problema del comedor era un grave inconveniente», explica Rosa Isabel Solares. La presidenta del AMPA del colegio lamenta, especialmente, que «hubo algún día que el niño se quedó con todos sus compañeros, y sólo le dieron fruta y pan. Y advirtieron a la familia de que el niño se tiraba al plato de los demás. ¡Como para no!, el niño lo que tenía era hambre», relata Rosa Isabel Solares, que estos días ha buceado en toda la normativa sobre comedores que ha podido encontrar. «Están obligados a dar una dieta adecuada a un niño y lo que no pueden hacer es lanzarse la pelota entre el Ayuntamiento y la empresa adjudicataria; hay mil alimentos que pueden darle a este niño», sostiene la presidenta del AMPA.
Enrique Fernández, responsable de la comida escolar en los colegios públicos, asegura que hoy mismo se normalizará la presencia del alumno en el comedor. Pero, eso sí, dice que nadie podrá responsabilizarles de una alimentación poco variada. «El problema de este niño es la combinación de dos alergias que limitan mucho las posibilidades de una cocina como la nuestra, que es en frío y no se elabora al momento. El 80% de los días este niño comerá verdura y pescado, pero si la familia lo acepta y el Ayuntamiento es consciente de ello, pues así será», explica Fernández. En descargo de su empresa sostiene que «a día de hoy hacemos ocho tipos de menús para los colegios de Gijón. Uno el normal y siete especiales: el de celiacos, no huevo, no lactosa, no pescado, no cerdo, menos de 1.500 calorías y 2 dietas trituradas. Cada vez hay más problemas de intolerancias con diagnóstico médico y las familias tienen que saber que con la ratio de cuidadores que hay en los comedores puede haber cosas que se nos escapen y de las que no podemos ser responsables», sostiene.