El Comité Nacional de Derechos y Garantías del PP -que a pesar de dicho nombre eufemístico es el órgano que aplica la disciplina- suspendió ayer mismo de militancia a Ricardo Costa, uno de los hombres señeros de la trama «Gürtel» en Valencia.
No estamos insinuando que el mismo comité vaya a proceder de igual modo con Gijón, pero ahí están unas barbas peladas para que otros pongan las suyas a remojo.
Sin embargo, Valencia es un territorio donde el PP gobierna ampliamente, y donde tendría mucho que perder, mientras que Gijón es ahora mismo un finisterre del partido en medio de la agreste costa cantábrica, dominada por socialistas desde tiempo inmemorial.
Pero a lo que vamos es a que los aplicadores de la disciplina en el PP parecen haber revivido tras el período de blandura de Rajoy, el hombre que no quiere líos, al igual que sucede con Ovidio Sánchez, presidente del partido en Asturias.
Al mismo tiempo, el «caso papeles de Cascos» parece ir muy en serio, sea o no un hecho interpretable en relación con un hipotético regreso del ex ministro a la política. No obstante, según los augures que interpretan los truenos de Álvarez-Cascos existen para el asturiano tres puertas de regreso: dos pasan por Asturias -lista autonómica (2011) o lista para el Congreso (2012)- , y la tercera se circunscribe a la Comunidad de Madrid.
En cualquier hipótesis, el caso de los papeles hallados en el contenedor vecino a la sede del PP gijonés ha sido tomado con gran fuerza por el Comité Disciplinario de Madrid. A Cascos le tocaron el amor propio, más que nada, y en Génova, sede nacional del PP, han elevado el suceso a la categoría de destrucción del patrimonio histórico del partido.
Es más: Madrid llevará la investigación directamente, a la vista de que el PP regional dice no saber nada de las órdenes de la central y se ha dado mus. Esto es realmente extraño, ya que si a la dirección de una empresa, por ejemplo, le desobedece una de sus secciones, un expediente podría estar llamando a la puerta al poco tiempo. Pero el PP de Asturias parece un mundo alejadísimo del PP nacional, ya decimos que, por otra parte, envuelto en los vapores de los puros de Rajoy.
Y otra circunstancia más: el PP de Ovidio Sánchez siempre ha mirado con reticencias al PP de Pilar Fernández Pardo. En resumen, que cada cual se ha venido haciendo de su capa un sayo, pero en medio de esa armonía inoperante ha venido a caer como un rayo el Comité Nacional de la Disciplina del PP. Y en el entorno de Fernández Pardo ya empiezan a temerse algo gordo, pues uno de sus colaboradores ha apelado hace poco a esos 300, o 500, que les apoyaron en los congresos locales para resistir en el paso de la Termópilas. Sin embargo, las fuerzas que ahora se despliegan sobre Gijón van más en serio que en el pasado.