Eloy MÉNDEZ
Los vecinos de Veriña están de enhorabuena. Un mes después de que entrara en funcionamiento la rotonda que regula el tráfico en el cruce de Puente Seco han visto desaparecer los continuos accidentes de circulación que se habían convertido en parte del paisaje de la parroquia. Aunque no maneja datos oficiales, el presidente de la asociación vecinal, Amancio López, asegura que con la antigua ordenación del tráfico «se producían una media de cuatro accidentes graves o no por semana». Este viernes se cumplieron 30 días sin que se haya registrado ni uno solo.
«Estamos muy contentos porque hemos visto cumplida satisfactoriamente una vieja reclamación», asegura López. No en vano, los vecinos de la parroquia habían protagonizado durante los dos últimos años numerosos cortes de tráfico en la zona para pedir una solución que frenara los continuos accidentes en uno de los principales cruces de la carretera AS-19, que une Gijón con Avilés y soporta un constante tráfico de mercancías industriales. «Hemos respirado aliviados», sostiene Amadora González, que vive a pocos metros de distancia del lugar.
La nueva rotonda fue inaugurada oficialmente por el consejero de Infraestructuras, Ordenación del Territorio y Medio Ambiente, Francisco González Buendía, el pasado día 21 de octubre, aunque se había abierto al tráfico a finales de septiembre. «Es una bendición», asegura José Luis Pardo, otro vecino de la zona. Una bendición de 72 metros de diámetro exterior, con una isleta central de 57 metros y dos carriles circulares. Además, dado que se trata de uno de los principales accesos a la ciudad por la zona Oeste, el Gobierno regional ha instalado en el centro una gran torre metálica de 20 metros de altura con seis focos que iluminan a mil vatios cada uno. La obra se remató con una decoración ornamental compuesta básicamente por diferentes árboles y arbustos.
En realidad, la exigencia de construir en el entronque una glorieta para ordenar la circulación y obligar a los conductores a reducir su velocidad es muy vieja. Aunque las protestas comenzaron en 2007, los vecinos habían recogido años atrás firmas para apoyar un proyecto que consideraban vital para la parroquia y su propia seguridad. «Es una batalla ganada», dice ahora el presidente del colectivo.