M. C.
«Cuando se plantea quemar el 100%, no se está pensando en el tratamiento de los residuos, se están pensando en el negocio. Lo que hemos hecho en Cataluña, se puede hacer aquí perfectamente». Esa fue una de las consideraciones de Sergi Alegre, concejal de Medio Ambiente de El Prat del Llobregat (perteneciente al área metropolitana de Barcelona) por IU-Verdes. Una experiencia impulsada por la coalición de izquierdas, socia del PSOE en el Gobierno catalán.
Sergi Alegre destacó que la ciudad de Barcelona se sumó el pasado domingo al reciclaje de materia orgánica. En el 60% de los ayuntamientos catalanes (con el 75% de la población) se reciclan los residuos orgánicos, que suponen la mayor parte de la basura urbana (el 36,9% en el caso de Asturias, según un estudio de Cogersa). Genoveva Català dio algunas pistas sobre cómo iniciar este proceso: «Lo primero es recoger en los grandes generadores, como los restaurantes, hospitales, escuelas, mercados y supermercados», con lo que con poco esfuerzo se consigue reducir un volumen importante de residuos orgánicos.
Los residuos orgánicos se pueden transformar en compost (tierra fértil). Su eliminación tiene una doble ventaja: Además de prolongar la vida del vertedero, también se evitan emisiones de metano (con alto efecto invernadero) y disminuye las molestias para los vecinos del entorno.
Sergi Alegre destacó que «las comunidades autónomas tienen mucho margen de actuación y competencias, y hacer política y gobernar es decidir. Eso se traduce en poner dinero para unas políticas o para otras. Lo demás son palabras». En los próximos dos años, los 946 municipios catalanes invertirán 1.000 millones de euros para el tratamiento de residuos, creando 2.500 empleos directos e indirectos en el sector.