R. G.
Siempre tenía «una buena palabra para todos» comentaba en la mañana de ayer, aún afligida, una de las vecinas de Arancha Figaredo. Las buenas palabras se sucedían en todo el barrio, y más en el bloque de pisos de la calle Gregorio García Jove, donde residía la familia Pérez Figaredo. Los vecinos recordaban con cariño a una «neña» de las de «toda la vida» de Cimadevilla, a la que algunos asociaban por su afición al tarot. También tenía buena relación con la parroquia de San Pedro. Todos pensaban en sus padres, también del barrio, y en «lo mal que lo tienen que estar pasando todos». Las hijas de María Aránzazu Figaredo eran objeto de especial atención. Las pequeñas, de 7 y 11 años, «son las que más van a echar de menos a su madre», comentaban los vecinos en corrillo fuera de la iglesia.
De hecho, fueron las niñas las primeras en percatarse de la ausencia de su madre. El martes salieron del Colegio Santo Ángel -a pocos metros del lugar del suceso- y, extrañadas, comprobaron que su madre no estaba esperándolas. Ellas mismas se dirigieron a casa de su abuela, Florentina Díaz, y le preguntaron: «Güelita, mamá no nos vino a buscar». De fondo ya comenzaban a sonar las primeras sirenas.
Entre los amigos que ayer se mostraban sumamente afectados por el dramático suceso estaba Nicolás Villanueva, «Nicky», ex concursante del popular programa «Gran Hermano», y uno de los mejores amigo de Andrés Pérez, el ahora viudo. Sólo tenía palabras de agradecimiento y de cariño hacia Arancha: «Era una niña como no habrá otra, con un encanto especial, se portaba muy bien con todo el mundo y además hacía una pareja ideal con Andrés, con el que llevaba 15 años casada. Eran modélicos». Ahora le toca consolar a Andrés Pérez y a sus hijas.